Crítica de Alguien tiene que morir (Mini Serie Netflix)
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El último trabajo llevado a cabo para Netflix por el mexicano Manolo Caro, el creador de La casa de las flores, es la miniserie Alguien tiene que morir, un melodrama familiar de época más donde el contenido LGTBI se integra en un relato que nos han contado ya muchas veces y donde apenas cabe destacar la presencia de Carmen Maura y Ernesto Alterio.

ALGUIEN TIENE QUE MORIR (mini serie) de Manolo Caro

Crítica de Alguien tiene que morir (Serie)

El debate que ha surgido ante la expansión de las plataformas de vídeo bajo demanda consiste en si estas son solo una forma más de seguir consumiendo productos audiovisuales, o si los nuevos medios traen consigo también nuevos contenidos. En principio cabría pensar lo segundo, que quien paga una plataforma lo hace para ver contenidos, en este caso series, diferentes a lo que ofrece la televisión en abierto; sin embargo, Alguien tiene que morir sería un ejemplo de lo contrario: una serie creada para una plataforma, en este caso Netflix, que sigue los parámetros que vemos todos los días en los canales generalistas.

A la hora de buscar diferencias entre esta miniserie, cuyo principal responsable es Manolo Caro, el creador de la exitosa La casa de las flores, y las telenovelas que pueblan las tardes de Antena 3, tenemos que recurrir a detalles tan superficiales como el formato de miniserie de solo 3 capítulos, alguna escena de desnudo, absolutamente gratuita por otra parte, o un peso en la trama del componente LGTBI ligeramente mayor de lo que por ahora admite la televisión comercial en abierto española. Por lo demás podríamos encontrarnos ante una muestra más de ficción televisiva de sobremesa del subgénero dominante desde hace unos años, que es el de época.

Culebrón LGTBI con la dictadura franquista como cliché melodramático

Culebrón LGTBI con la dictadura franquista como cliché melodramáticoAlguien tiene que morir, además de confirmar que la televisión a la carta admite contenidos y conceptos indistinguibles de los de la convencional, algo que ya habíamos intuido con Las chicas del cable, nos permite comprobar también que los relatos inclusivos basados en la defensa de la diversidad sexual, o incluso en lo que en la actualidad se llama la memoria democrática, no tienen por qué suponer una transgresión de los modelos narrativos más trillados sino que pueden ser perfectamente asimilados por ellos.

De hecho aquí tenemos un relato maniqueo de víctimas y verdugos ambientado en salones aristocráticos y basado en intrigas de alcoba, secretos familiares, vestuario y peinados de época, con una trama que gira en torno a un joven rico rebelde que, en su búsqueda de una vida libre y bohemia, se enfrenta a su rígido padre, que defiende el orden y la tradición familiar, rechazando el matrimonio que le han concertado con la hija de otro patriarca. Por si todo esto no fuera suficientemente tópico, la historia se ambienta en la época más dura del régimen franquista, un trasfondo político banalizado y reducido a cliché cuya única función es facilitar el melodrama y la asignación de etiquetas de buenos y malos a los diferentes personajes.

Comprobar que la ficción LGTBI cabe dentro de la tradición más apolillada del culebrón, con personajes que son estereotipos con patas y situaciones a cada cual más previsible, es el único aliciente que puede tener el visionado de esta miniserie, junto con un reparto que incluye a intérpretes de renombre, como a la gran Carmen Maura y a un envejecido Ernesto Alterio. Puestos a buscar aspectos positivos, otro podría ser la cooperación entre España y México, que esperemos que produzca frutos más interesantes en el futuro.

Crítica de Alguien tiene que morir (Netflix)
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Resumen

Melodrama familiar de época donde el contenido LGTBI se integra en un relato que nos han contado ya muchas veces y donde apenas cabe destacar la presencia de Carmen Maura y Ernesto Alterio.

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