Crítica de El oficial y el espía (2019)
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Roman Polanski lleva a cabo su película más impersonal de los últimos años en El oficial y el espía, en el que narra el caso Dreyfuss, un escándalo de presunto espionaje y antisemitismo que sacudió a la Francia de finales del siglo XIX. Cine de época con despliegue de extras y gran vestuario donde la huella del director se encuentra ausente y donde sorprende ver como protagonista al actor especializado en comedia Jean Dujardin (The Artist).

El oficial y el espía (J’accuse) de Roman Polanski

El oficial y el espía (J'accuse) de Roman Polanski - Crítica

Yo acuso” es una frase sin connotaciones especiales en España, pero en francés J’accuse, título original del film, que posee mucha más fuerza que el anodino El oficial y el espía, remite inmediatamente al caso Dreyfuss, uno de los episodios más recordados de la historia del país vecino por ser muy representativo de la nueva sociedad creada tras la Revolución Industrial y un adelanto de lo que iba a ser el siglo XX: el poder de la prensa y de los creadores de opinión, siendo uno de los más relevantes de la época el escritor Émile Zola, autor de la frase mencionada, la mayor demanda de transparencia, el cuestionamiento de los poderes fácticos tradicionales, en este caso el militar, y, por desgracia, el antisemitismo.

Polanski recrea el caso a partir de una novela de Robert Harris, al que ya había adaptado y con el que ya había colaborado como coguionista en El escritor (2010), que, no precisamente por casualidad, tiene en común con este último trabajo el ser un acercamiento a cuestiones políticas, algo en principio ajeno al cine de un director famoso por sus escenarios claustrofóbicos y sus piezas de cámara minimalistas. No obstante, El escritor llevaba el relato, sobre un alter ego de Tony Blair encerrado con su biógrafo y visitado por los fantasmas del pasado, al terreno de la introspección psicológica desde el distanciamiento y la ironía, en el que Polanski es un maestro hasta el punto de haber creado prácticamente un género propio, añadiendo además un trasfondo político que aportaba solidez al relato.

Cine de época con despliegue de extras y gran vestuario donde la huella del director se encuentra ausente.

El oficial y el espía, en cambio, navega por el terreno más trillado de la reconstrucción histórica en el que el diseño de producción, el vestuario y los montones de extras caracterizados de época adquieren el protagonismo, a veces con brillantez, como en la escena que abre la película. Resulta sorprendente que, a estas alturas, Polanski se reinvente como artesano que dirige sus secuencias con corrección pero intentando pasar desapercibido. Se trata de su trabajo más impersonal desde Oliver Twist (2005), otra adaptación y otra obra de época, con la importante diferencia de que la base literaria de la que parte no es comparable.

Aquí no se trata de un folletín con una estructura dramática sólida, sino de hechos reales que requieren para despertar el interés del espectador actual de un gran trabajo de contextualización que el guión se ha ahorrado. La historia se ve reducida a esquemas hollywoodienses convencionales: el héroe buscador de la verdad enfrentado a una estructura de poder corrupta y conspiratoria que debe investigar en solitario jugándose su propio pescuezo siguiendo un esquema que, como no, concluye en un melodrama judicial.

Se ha pasado de puntillas sobre el hecho de que el héroe protagonice una relación adúltera, algo anodino hoy en día pero muy escandaloso en la época, sobre la reputación del propio escritor Émile Zola, autor de textos escabrosos y polémicos, sobre la naturaleza del periódico que publica y apoya el caso, no sabemos si por convicción o buscando el sensacionalismo y la venta de ejemplares, y en general sobre todos los elementos que podrían haber enriquecido la historia para llevarla más allá de una versión mejorada de las adaptaciones de John Grisham que proliferaban en los años 90, que es en lo que se quedado.

Quedará la incógnita de si las intenciones originales iban por otro lado, como parece sugerir la selección del cómico Jean Dujardin para el papel protagonista, y de si, como están insistiendo algunos comentaristas, la historia se ha llevado luego a un tono más dramático y de denuncia “seria” del antisemitismo para lavar la imagen del director (de hecho, Yo acuso podría ser el eslogan de la legión de moralistas que pueblan las redes sociales con sus deditos acusadores). De ser así, las críticas recibidas, igual de virulentas que las que se llevó hace un par de años su trabajo anterior, mucho más interesante y mucho más polanskiano, Basada en hechos reales, dejan claro que se le va a demonizar y a juzgar por su vida privada y no por sus películas haga lo que haga, por lo que lo más sensato es que haga lo que le apetezca.

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Crítica de El oficial y el espía
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Resumen

Roman Polanski lleva a cabo su película más impersonal de los últimos años en El oficial y el espía. Cine de época con despliegue de extras y gran vestuario donde la huella del director se encuentra ausente.

3.0
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