La variopinta filmografía de Boaz Yakin sirve para hacerse una idea de los aciertos y los fallos de una película como Safe. Entre sus títulos como guionista destacan películas del calibre de El Principiante o aquella aproximación al personaje de la Marvel, El Castigador –entonces El Vengador– que protagonizó a finales de los ochenta Dolph Lundgren, pero también se encargó de los ¿textos? de Dirty Dancing 2 o de dirigir Niñera a la fuerza.

Si observamos con atención, veremos que sus aciertos son, en realidad, dos libretos más simples que el mecanismo de un botijo, dos guiones de películas de serie b –a pesar de Eastwood- que, ojo, ya no se dejan ver desde hace tiempo y que forman parte de un estilo de cine de acción que echamos de menos.

Pues para devolvernos a los hits de venganzas imposibles, hostiones como panes y mínimos diálogos construidos únicamente por réplicas matadoras –hay una especialmente graciosa que hace referencia al tamaño de los testículos del protagonista (Jason Statham)-, el director y guionista, con la ayuda de Lawrence Bender en la producción, nos mete de lleno en un fregado a tantas bandas que resulta demasiado estúpido perder el tiempo matizando. A grandes rasgos, Statham es un tipo con un pasado oscuro y violento al que arrebatan su vida y cuando decide poner fin a su calvario, se cruza en su camino una pequeña niña que ha escapado de las triadas y a la que también buscan unos mafiosos rusos y un puñado de policías corruptos. Y claro, decide ayudarla.

Safe recuerda a la inminente El hombre sin pasado, por la trama y los personajes, pero también por la peculiar forma de rodar saltos atravesando ventanas, y nos devuelve a la memoria aquel simpáticoMercury Rising protagonizado por Bruce Willis y un niño autista. Y hay está su principal baza: acción bien filmada, que en ocasiones demuestra algo parecido a un estilo personal. Y un primer acto narrado a velocidad de serie de acción que puede cansar al espectador que espere un ritmo algo más pausado. No estamos hablando del –gracias a dios- cada vez más olvidado ritmo videoclipero gratuito que puso de moda Guy Ritchie, aquí lo que hay es un cliffhanger en el final de cada escena y un gran estruendo en el comienzo de la siguiente, algo, claro está, imposible de mantener durante hora y media. Giros de guión imposibles, ausencia de villano hasta que de repente aparece uno salido de la nada y secundarios con cero carisma son su mayor lastre.

El que busque en Safe algo más que evasión y alguna risotada cómplice –alguna no tanto- puede saltársela porque, sin llegar a los extremos de un Neveldine & Taylor, la esencia del film se parece mucho a la que estos dos zumbados impregnaron a sus dos Crank. Una película para pasar la tarde muy entretenido hasta que empiece la próxima liga de fútbol.



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