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- Crítica de De óxido y hueso (2012)


Crítica

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Jacques Audiard, que nos dejó atónitos con Un profeta, poderoso drama criminal violento, juega en De óxido y hueso al melodrama más facilón y se pone el chándal de Iñárritu para contar uno de esos romances imposibles que tanto gustan a cierto sector de crítica y público.

Él es un tío sin futuro y con un mal pasado, que tiene una lesión en la mano de sus tiempos de mal boxeador, divorciado y con un niño de cinco años a su cargo. Ella trabaja como adiestradora de orcas en un parque acuático. Tras conocerse fortuitamente en una discoteca, un accidente terminará por acercarlos aún más.

Crítica de De Óxido y Hueso

Ay, los accidentes casuales que por casualidad unen a dos personas casualmente traumatizadas que se conocen de manera casual en una discoteca cuando, casualmente él empieza a trabajar y ella, de pura casualidad, se pelea con un tipejo.

Ese es el juego de la película de Audiard, empalagar con música -muy buena, todo hay que decirlo, aunque a Bon Iver ya le conocíamos de antes- situaciones al límite del ridículo.  Situaciones más propias de uno de los pastiches del aburrido Paul Haggis o del sobrevalorado Iñárritu, con quien comparte filosóficas preguntas sin respuesta que redundan aún más unas imágenes llenas de fatalismo casual que empalagan al más curtido por mucha novela que adapte.

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