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Crítica

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La bailarina y coreógrafa estadounidense Agnes de Mille dijo: “Las expresiones más auténticas de la gente están en su baile y en su música. El cuerpo nunca miente”. Para su ópera prima, la realizadora francesa Stéphanie Di Giusto ha decidido rescatar una figura relevante del olvido, Loïe Fuller, uno de los principales nombres de la Belle Époque y una verdadera revolucionaria de la danza contemporánea. Admirada por los Hermanos Lumière y Georges Méliès, su reconocimiento fue de tan diversas áreas que fue amiga de Marie Curie, Paul Valéry o la realeza de Rumanía. Una figura así merecía tener una película, de ahí que la llegada de ‘La bailarina, presentada en el sección Una cierta mirada en el Festival de Cannes, llame la atención.

La elegancia de la danza serpentina de Loïe Fuller plasmada en el cine

Soko danzando en 'La bailarina'

Marie Louise Fuller nació el 15 de enero de 1862 en el estado de Illinois. Desde pequeña tuvo su pasión por el baile, convirtiéndose en una bailarina autodidacta y alejada de los cánones académicos de la época. Tras lograr causar sensación en Estados Unidos, sus bailes de burlesque y vodevil debían seguir abriendo fronteras, de ahí que se marche rumbo a París donde su Danza Serpentina se convirtió en su sello y logró encumbrarla en plena Belle Époque. Aclamada por Rodin y convertida en todo un icono postmodernista, su triunfo en la Ópera de París será el punto más álgido de su carrera, que verá peligrar ante la llegada de la delicada Isadora Duncan, cuya juventud amenaza toda una vida dedicada a la danza.

Loïe Fuller fue una mujer pionera, su plena entrega al baile fue inmortalizada en cintas de los Hermanos Lumière y Méliès aunque, más que su imagen, en seguidoras de una bailarina de vanguardia que rompió los esquemas de la danza, encorsetada aún en el ballet, para llevarla a niveles diferentes, más pasionales, en los que su cuerpo se transforma en flores, mariposas y estaciones. Di Giusto tenía el reto de plasmar esa dedicación al cine y transmitir esa pasión al público. En lo referente a la vena artística, la película aprueba con nota, gracias esencialmente por el alma que pone la actriz y cantante Soko en mostrar los diversos rostros de Loïe Fuller, desde su pasión por la danza a sus miedos ante el escenario, sus inseguridades al no cumplir con los cánones propios de la época.

Soko es el alma de la película, entregada completamente a su papel

Soko y Mélanie Thierry en 'La bailarina'

Es ella la que lleva toda la fuerza interpretativa, deslumbrando con ese poder que transmite con sus movimientos. A su lado hay un reparto también completamente entregado, llamando la atención la casi debutante Lily-Rose Melody Depp, que transmite sensaciones que van desde la excesiva ambición de juventud a la frágil inocencia propia de su edad, transformándose en melancólica perversión, siendo una ninfa delicada y una femme fatale que lleva a la destrucción, recordando a Marine Vacth en ‘Joven y bonita’, Chloë Grace Moretz en ‘Viaje a Sils Maria’, incluso a Brad Davis en ‘Querelle’.

Además de contar con las magníficas interpretaciones de Gaspard Ulliel como la del lánguido amante de la bailarina, la dura Mélanie Thierry como apoyo moral de Fuller y François Damiens en un papel alejado de la comedia. Junto al elenco una apartado visual y técnico fascinante. Di Giusto tiene un cuidado sentido de lo estético, honrando en ese sentido la memoria de la bailarina.

Sus graves licencias históricas hacen de este biopic una propuesta irregular

La danza serpentina de Loïe Fuller en 'La bailarina'

Sin embargo, su gran pero es su guión y las graves licencias históricas que se toma la cineasta. En su mirada de la vida personal de la bailarina, la directora obvia ciertos elementos como la verdadera orientación sexual de Fuller, sus triunfos en Estados Unidos, como una rivalidad y deseos por Isadora Duncan que no existieron, al menos como se plasma en la cinta. Eso provoca que la película sea muy irregular y provoque cierto rechazo por la modificación no sólo de la vida de la artista, sino por omisiones que en pleno siglo XXI son injustificables.

Pese a ello,La bailarina’ es un maravilloso espectáculo visual, bello y delicado cuales movimientos de Fuller pero también rudo y directo, como el carácter rebelde de esta pionera. Se echa mucho menos mayor acierto en plasmar la vida personal de Fuller, así como mayor riesgo y reivindicación histórica a su legado vanguardista. Pero se trata de una producción decente, pese a su conservadurismo, que provoca que haya que prestar atención a esta debutante en la dirección de largometrajes.


Valoración de 'La bailarina'
  • Dirección
  • Interpretaciones
  • Guión
  • Música
  • Fotografía

Resumen

Pese a su irregular guión, este biopic merece la pena gracias a la magistral dedicación de su protagonista, Soko, que se mimetiza con la compleja personalidad de la bailarina Loïe Fuller, una mujer pionera y adelantada a su tiempo.

3.5 / 5
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