Directores que envejecen mal

¿Qué fue de Francis Ford Coppola? ¿Brian de Palma sigue haciendo películas? ¿Y Garci? En este artículo hablamos de los 10 directores que, aunque tal vez lo dudaras, siguen todavía vivos y en activo, aunque solo cuando encuentran financiación. Fueron muy célebres en su juventud pero sus tiempos de esplendor ya no volverán.

DIRECTORES QUE NO HAN ENVEJECIDO BIEN

Algunos artistas hacen sus mejores obras en la madurez; otros, en cambio, despiden su carrera con trabajos que están muy por debajo de los que los hicieron célebres. Las últimas películas del genio Billy Wilder eran más bien flojillas, y Orson Welles acabó arruinado dejando varias obras inacabadas. Incluso el mismísimo Stanley Kubrick tuvo que espaciar enormemente sus últimas obras no solo por su famoso perfeccionismo, sino por la dificultad cada vez mayor de conseguir financiación ante la tibia acogida crítica y comercial que tuvieron en su momento Barry Lyndon, El resplandor o incluso su obra póstuma Eyes wide shut, por mucho que años más tarde acabaran convirtiéndose en títulos de culto.

Dedicamos a este artículo a los directores que en la actualidad se encuentran lejos de sus años de mayor inspiración, cuyos últimos estrenos han pasado desapercibidos, de los que nadie recuerda la última película que vio de ellos, o incluso de los que dudamos si siguen en activo o si siguen vivos …

Dejamos aparte otros casos intermedios, como David Fincher o los hermanos Coen, que serían ejemplos de cineastas cuyos mejores tiempos parecen haber pasado, pero cuyas películas consiguen todavía cierta repercusión y mantienen un club de fans fiel, aunque este se vaya reduciendo lentamente. Los 10 directores de los que hablamos a continuación, 7 internacionales y 3 españoles, han caído en la total o casi total irrelevancia comercial, aunque en algunos casos mantienen el prestigio alcanzado con sus primeras obras.

Francis Ford Coppola

Esplendor pasado: Con el triunfo en los Oscars de las dos primeras partes de la trilogía de El padrino (1972 y 1974 respectivamente), se convirtió en el buque insignia de la generación de jóvenes cinéfilos que asaltaron los cielos de Hollywood en los años 70, intentando conjugar el éxito comercial con el prestigio de los autores europeos. Apocalypse now (1979) le confirmaría como uno de los grandes talentos de su tiempo pero también como un megalómano con dificultades para mantener bajo control los presupuestos y los rodajes.

Decadencia presente: La decadencia de Coppola empieza ya con sus batacazos económicos en los años 80 con Corazonada (1984) o Tucker un hombre y su sueño (1987). Consigue recuperarse parcialmente en los primeros 90 con el tercer Padrino (1990) y con una versión de Dracula desigual pero llena de creatividad (1992), para hundirse de manera definitiva a continuación con obras mediocres y anodinas como Jack (1996) o Legítima defensa (1997). De sus últimos títulos, solo Tetro (2009) consiguió cierto eco en España por estar protagonizada por Maribel Verdú. Para postre, también su hija Sophia parece encontrarse en una precoz decadencia.

Brian de Palma

Esplendor pasado: Fue otro de los jóvenes cinestas cinéfilos de la generación de Martin Scorsese o Francis Ford Coppola. De Palma destacaba por su especialización en el género de suspense y de terror, su manierismo con la cámara y por sus guiones híbridos entre Hitchcock y el giallo o cine fantástico italiano. Consiguió grandes éxitos con Carrie (1976) y Vestida para matar (1980), y en los 80 alcanzó la cumbre de su prestigio con un cine algo menos barroco y de sabor más clásico con El precio del poder (1983) y Los intocables de Elliot Ness (1987).

Decadencia presente: Tras el enorme taquillazo de Misión imposible (1996), De Palma no sabe adaptarse al nuevo milenio. Su obra más rocambolesca, Femme fatale (2002), consigue al menos ser un título de culto para sus fans más depravados, pero el fracaso indiscutible de su intento de volver al clasicismo con La dalia negra (2006) lo sumerge en el olvido. Sus tres últimas películas, incluyendo la más reciente, Domino (2019), han pasado completamente inadvertidas.

Bernardo Bertolucci

Esplendor pasado: El último gran nombre del cine italiano marcó una época con El último tango en París (1972) y con su ambiciosa reconstrucción de la historia de Italia en el siglo XX en Novecento (1976). La guinda llegó con la lluvia de Oscars con la que se celebró su debut en Hollywood con El último emperador (1987).

Decadencia presente: A pesar del Oscar, Bertolucci no consigue encajar bien en el cine internacional. Sus obras de los años 90, como Pequeño Buda (1993) o Belleza robada (1996), son acusadas de esteticismo y superficialidad. Ni siquiera su vuelta a Italia y al cine con contenido político con Soñadores (2003) consigue una acogida más allá de templada, obligándole a retirarse desde entonces con la única excepción de la tampoco memorable Tú y yo (2012).

Jean-Luc Godard

Esplendor pasado: Uno de los iconos, junto con François Truffaut, Eric Rohmer y Claude Chabrol, de la nouvelle vague francesa que revolucionó el cine de los años 60. De entre sus compañeros, Godard era el más vanguardista y el más comprometido políticamente. Al final de la escapada (1959) es historia del cine por la ruptura con la gramática cinematográfica clásica, la introducción del montaje discontinuo y por su rodaje no basado en un guión previo. Banda aparte (1964) o Pierrot el loco (1965) son otros títulos muy influyentes para un enorme número de directores actuales, incluyendo a Tarantino o a Lars Von Trier.

Decadencia presente: Godard en la actualidad sería el paradigma de cineasta que hace películas para sí mismo. Ha conseguido seguir en activo con regularidad hasta el presente pese a su avanzada edad, pero ya no que sus películas logren algún tipo de repercusión desde Yo te saludo, María (1985), que alcanzó un éxito relevante gracias al efecto Streisand producido por el boicot de los ultras católicos. Ni siquiera el premio en Cannes obtenido por Adios al lenguaje (2014) logró poco más que algún artículo nostálgico en la prensa especializada.

Tim Burton

Esplendor pasado: El salto del cine fantástico a la primera línea del mainstream durante las últimas décadas no se puede explicar sin Tim Burton, que logró conquistar Hollywood sin dejar de ser un autor cuyas películas poseen un evidente sello personal. La comedia de fantasmas Bitelchús (1988) derrochaba creatividad, Batman (1989) dio un giro hacia la oscuridad al cine de superhéroes, Pesadilla antes de Navidad (1993) rompió los esquemas tradicionales del cine de animación y Ed Wood (1994) homenajeó con mucho amor el cine de serie B popularizando la cultura friki.

Decadencia presente: Otro caso de director devorado por Hollywood que no ha aportado gran cosa en el siglo XXI. Su cine actual, estéticamente muy bello, se ha convertido en una fiesta de Halloween hueca, sin gran cosa que contar y alejada de las nuevas corrientes del cine fantástico. A su favor se puede decir que comercialmente todavía no ha conseguido caer en la irrelevancia, pese a llevar más de 10 bordeándola y acumulando un fracaso tras otro.

Peter Greenaway

Esplendor pasado: El pastiche de referencias culturales elitistas y pedantillas que intentan acercar el cine al videoarte en El contrato del dibujante (1982) y El vientre del arquitecto (1987) lo conviertieron en su día en uno de los popes de lo que por entonces todavía se llamaba arte y ensayo, y más adelante pasaría a denominarse cine cultureta, luego gafapasta y luego hipster. Logró incluso un cierto éxito comercial con su título más celebrado, El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante (1989).

Decadencia presente: Mientras los cineastas de los que hemos hablado hasta ahora han mantenido una aureola y un cierto status pese a que nadie se interese por sus últimas películas, Greenaway pasó de moda a finales de los 90. Su público o bien dejó de ir al cine o bien se pasó a Lars Von Trier o a los hermanos Coen, y su nombre probablemente ni les sonará a las nuevas generaciones. Por curiosidad, su último trabajo data de 2015, se llama Eisenstein en Guanajuato y no se puede decir precisamente que las plataformas de cine online se estén peleando por sus derechos de exhibición.

Atom Egoyan

Esplendor pasado: En los años 90 Egoyan era uno de los popes de las salas de versión original, el director al que tenías obligación de reverenciar para pasar por culto. Exotica (1994) era la película de cabecera de los intelectualillos de la época y su siguiente trabajo, el dramón lacrimógeno El dulce porvenir (1997), fue una de las triunfadoras del Festival de Cannes de su año.

Decadencia presente: El volátil público cultureta pasó olímpicamente de El viaje de Felicia (1999), así que Egoyan intentó reciclarse en el cine comercial, haciendo thrillers mediocres como Chloe (2009) o Cautiva (2014) que pasaron sin pena ni gloria. Probablemente sus antiguos fans estarán intentando olvidar con cierta vergüenza como se extasiaron en su día con Exotica y los cinéfilos más jóvenes desconocen completamente su cine, al igual que en el caso de Greenaway. Y tampoco es que se pierdan gran cosa.

Cine español

Víctor Erice

Esplendor pasado: Ha logrado una carrera intachable, con tres únicos largometrajes totalmente mitificados que lo convierten en el James Dean de los directores. El espíritu de la colmena (1971) fue uno de los títulos más emblemáticos de la modernización del cine español que tuvo lugar en la Transición, El sur (1981) convenció igualmente, pese a suponer una aportación mucho menos significativa, y El sol del membrillo (1992), documental sobre el célebre pintor Antonio López, logró una aureola de elitismo cultural y producto chic gracias a, más que a pesar de, que nadie la viera en su momento de estreno.

Decadencia presente: Sin duda el mayor talento de Erice ha sido el de construir una leyenda en torno a su persona, pese a que sería dudoso calificar su cine de realmente innovador y a haber arruinado siempre a sus productores. Harto de sus caprichos y de sus derroches, el productor Andrés Vicente Gómez lo despidió en 2002 del rodaje de la que iba a ser su cuarta película, El embrujo de Shanghai, y ningún otro se ha arriesgado a financiarle ningún proyecto desde entonces. No obstante, su halo sigue intacto y el director Luca Guadagnino declaró recientemente que los cineastas españoles deberían mirar más a Erice y menos a Hollywood. Teniendo en cuenta que nuestro hombre lleva casi 30 años sin dirigir, esperemos que nuestros nuevos talentos nacionales no hagan mucho caso del consejo de Guadagnino.

José Luis Garci

Esplendor pasado: Garci fue uno de los cronistas más relevantes de la Transición, logrando un enorme éxito al contar las heridas de la dictadura y el desencanto ante el aburguesamiento de quienes pelearon contra ella desde una óptica sentimental y nostálgica en Asignatura pendiente (1977). Repitió la fórmula con éxito logrando el primer Oscar para el cine español con Volver a empezar (1982), además de demostrar cierta versatilidad al explorar el cine negro con El crack (1981). En los años 90 dejó atrás la política y el costumbrismo para sumergirse en recreaciones del cine clásico de Hollywood de su niñez como Canción de cuna (1992) o You are the one (2000), además de convertirse en el cinéfilo más célebre del país conduciendo el programa de televisión Que grande es el cine.

Decadencia presente: Aunque su cine fuera calificado de rancio por algunos, las películas mencionadas le granjearon un público fiel, de edad más bien avanzada, que fue perdiendo paulatinamente ante el progresivo ensimismamiento en el que entraron sus trabajos en el nuevo siglo, degenerando desde el clasicismo hasta lo friki. Tras 7 años apartado de las cámaras, ha tenido que retomar en El crack cero (2019) su antiguo éxito de los años 80 para lograr financiación, pero el resultado en taquilla ha sido ínfimo.

Los hermanos Trueba

Esplendor pasado: Fernando Trueba fue uno de los reyes de la comedia en los 80 y 90, triunfando en taquilla con Sé infiel y no mires con quién (1984) o La niña de tus ojos (1999) y alcanzando el segundo Oscar para el cine español en un registro un poco más dramático en Belle époque (1992). Su hermano David, por su parte, llamó la atención de cierto sector cinéfilo con su opera prima, La buena vida (1996), y triunfó con la adaptación del escritor Javier Cercas Soldados de Salamina (2000).

Decadencia presente: Con los años los hermanos han ido mimetizándose entre sí y con el hijo de Fernando, Jonás, que debuta en la dirección en 2010 con Todas las canciones hablan de mí, un título que podría haber sido escrito y dirigido por cualquiera de los tres (tristes) truebas. Aunque alguna crítica ha alabado La virgen de agosto (2019), el último trabajo de Jonás, el más viejoven y anacrónico de los nuevos directores españoles, el público le ha dado la espalda, al igual que a papá Fernando con La reina de España (2016) y a tito David con la no menos decadente, y también inspirada en una película anterior, Casi 40 (2018).