Crítica de Redención (Southpaw)

Redención (Southpaw) pretende ser una gran película de boxeo y una gran historia de emociones pero fracasa desde el principio en todo. Previsible y con unos actores desganados y mal dirigidos, incluyendo a Gillenhaal, que parece haber perdido todo el fuelle para dar más en su papel con la exhaustiva preparación física que luce. Mal cine de boxeo. Mal cine en general.

El boxeo es sin duda el deporte que mejor ha sabido reflejar el cine y que más y mejores películas ha dado desde hace décadas. Desde Toro Salvaje o Rocky hasta ejemplos más recientes como los de Cinderella Man o Million Dollar Baby. Son tantas ya las películas sobre boxeadores que han de hacer frente a situaciones difíciles o superar reveses del destino, que el peligro cuando llega un nuevo título boxistico es que repita esquemas ya vistos, que sea previsible.

Redención (Southpaw) cae por desgracia en los peores y más previsibles tópicos del género. Jake Gillenhaal esta imponente a nivel físico, tal vez incluso demasiado, con un cuerpo que inspira más horas de gimnasio y preparador físico de las estrellas que de boxeo real. A su lado, Rachel McAdams intenta transmitir en su papel que ella, a la que hemos visto mayormente en películas amables —y estupendas— como El diario de Noa o Una cuestión de tiempo, también puede ser una choni malota. Completa la parte principal del reparto un Forest Whitaker absolutamente perdido en su papel de entrenador humilde y mal encarado pero noble en el fondo a poco que se rasque la superficie. Y con estos actores perdidos, con Gillenhaal en la peor interpretación de su etapa madura, mal dirigido y creando una especie de mala parodia del Rocky Balboa de Sylvester Stallone, Redención (Southpaw) se va deslizando desde lo intrascendente hasta lo mediocre.

Sorprende un resultado tan nefasto también por el director que esta detrás. Antoine Fuqua ha demostrado en los tres últimos lustros poseer pulso para la narración y saber saber dotar de tensión a su cine. Ahí tenemos la excelente Training Day o la magistral y a recuperar Los amos de Brooklyn —la mejor interpretación de Richard Gere—. En Redención (Southpaw) Fuqua demuestra su solvencia en las escenas de combates, pero el inconveniente es que es fácil desconectar pronto una vez que el espectador se da cuenta de que no va a descubrir nada nuevo en el horizonte del género con esta película.

Esto no es boxeo, es otra cosa

Porque además aunque las secuencias de combate estén en teoría bien rodadas a nivel técnico, con mucha steady nerviosa y planos subjetivos para meternos en la violencia de la pelea, el boxeo no es así. Aunque no sea un deporte de mi devoción, aunque incluso dude de que deba ser considerado un deporte, tiene una técnica, un arte. En Redención el boxeo se presenta como un deporte en el que los boxeadores se pegan, perdón, hostias como panes desde el segundo uno hasta que suena la campana.

Y para redondear la faena, la película contiene una de las actuaciones infantiles más exacerbantes de los últimos tiempos por parte de la actriz (Oona Laurence) que interpreta a la hija del protagonista. Suspende por KO desde el primer asalto y tiene lo mejor justo al final, cuando al inicio de los títulos de crédito se le dedica la película al maestro James Horner, autor de la banda sonora y de decenas de obras maestras de la historia del cine como Braveheart, Titanic o Una mente maravillosa que falleció trágicamente en accidente de avión. Una película a olvidar que no aporta nada ni a las películas de boxeo, ni al genero deportivo, y transita torpemente por todos los clichés de un género que, cuando esta bien hecho, es muy disfrutable. No es el caso

Tráiler de Redención (Southpaw) en Español

 

Crítica de Redención (Southpaw)
  • Dirección
  • Actores
  • Guion
  • Música

Resumen

Redención (Soutpaw) es una película que se desliza desde lo intrascendente hasta el más absoluto aburrimiento. Pretende emocionar mucho para no hacerlo en absoluto. Gillenhaal hace un excelente trabajo físico para encarnar al protagonista pero se olvida de actuar. La peor película de Fuqua en mucho tiempo.

1.5
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