Crítica de Vacaciones en el infierno (2012)

Ay, Mel Gibson, con lo que has sido. Después de una etapa como director sobradamente preparado y muy loco, Gibson perdió la oportunidad de rodar una odisea vikinga con Leo DiCaprio como consecuencia de su polémico matrimonio.

Castigado por la industria y con el público dándole la espalda, Gibson hace lo que puede, ya sea en películas de amigos (El Castor, de Jodie Foster) o en productos directos al mercado doméstico, como esta nueva película que por aquí veremos en las pantallas de cine.

Mel Gibson vuelve a lo Arma Letal con Vacaciones en el Infierno (2012)

En Vacaciones en el Infierno vuelven los tics y el cachondeo marca de la casa y que hizo grande a la estrella de Arma Letal durante más de dos décadas, pero en formato doméstico y bastante más pobre.

A pesar de las salpicaduras digitales, que siempre molestan, se agradece la macarrada que presenta en su debut Adrian Grunberg, un tipo que ha aprendido de Gibson y Tony Scott y al que el actor ayuda en el guión, en cuerpo y en espíritu.

Una peli de acción de domingo por la tarde. Que la veas en casa o en el cine ya depende de uno mismo y de la -mala- distribución de según los países.