Crítica de El hombre invisible

Más que remake, estropicio telefílmico del hombre invisible a cargo de Leigh Whannell, coprotagonista de Saw, y presunto vehículo de lucimiento para una sobreactuada Elisabeth Moss (El cuento de la criada) que se encasilla aun más en su papel de víctima de violencia de género.

El hombre invisible de Leigh Whannell

Los clásicos del terror son revisados por Hollywood y actualizados para cada nueva generación. Al hombre invisible le iba tocando ya el turno teniendo en cuenta que se cumplen 20 años del estreno de su anterior versión, El hombre sin sombra. Esta nueva propuesta insiste, como las anteriores, en una versión pesimista según la cual el disponer de un superpoder va a sacar los peores instintos del agraciado científico que lo ha conseguido.

La pelicula utiliza solamente el título de la célebre novela de H. G. Wells sin mencionarla en los créditos del guión. Hasta cierto punto es justo que así sea puesto que lo único que se toma del libro es el concepto, pero llevándolo a un terreno bastante diferente, como es el del thriller, o más bien del telefilm, de acosadores, con una relación con la ciencia-ficción que no pasa de tangencial.

El hombre invisible se queda en violador invisible

La transformación de un humano ordinario en un superhombre es un concepto muy rico en posibilidades y puede ser desarrollado en múltiples direcciones; pero todas estas posibilidades han sido evitada por un guión que parece sacado del cajón de un estudio televisivo especializado en películas de sobremesa y que se limita a reproducir todo el repertorio de los clichés habituales de una historia de violencia de género tal y como esta es abordada en este tipo de subproductos. Tenemos una víctima con mayúsculas, llena de autocompasión y nacida para sufrir, llorar y sobreactuar, un malvado sin más propósito vital que acosarla, y una serie de comparsas sin más función que permitir que la maltratada se desahogue contando sus penas y / o convertirse a su vez en previsibles nuevas víctimas del acosador.

In dreams (Neil Jordan, 1999) intentó explorar las posibilidades del trilladísimo subgénero del thriller de psicópata reflexionando sobre el juego de espejos entre verdugo y víctima, y sobre como en este tipo de cine el primero existe solo en función de las obsesiones de la segunda y no tiene entidad propia, limitándose a ser una proyección de sus pesadillas. Aquí se sigue el mismo esquema malgastando y anulando a un personaje con tanto potencial como el hombre invisible. La decepción por parte del público está prácticamente asegurada y solo los efectos especiales en algunas escenas puntuales pueden justificar su visionado para espectadores más bien poco exigentes.

El director, Leigh Whannell, vinculado al universo de James Wan, el productor de las sagas Saw e Insidious, se acerca en esta ocasión al cine extremadamente convencional de su mentor. En su anterior trabajo, Upgrade, en el que volaba más libre, llevó a cabo un divertido acercamiento a la serie B que indagaba en las posibilidades del cyborg, la fusión entre la carne y la tecnología, en la línea de Robocop o de las primeras obras de David Cronenberg, y con la cual demostraba que no le falta talento, aunque a veces se deje llevar por la vagancia cuando le falta motivación, como es evidente que ha ocurrido ahora.

Tráiler de El Hombre Invisible en Español