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- Crítica de Vivir es fácil con los ojos cerrados (2013)


Crítica

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Tanto en la vida como en el cine estamos faltos de sobredosis de optimismo, de llenarnos las pilas de la felicidad y mirar al frente y ver, o imaginar, el mundo y el futuro lleno de colores o radiante de iluminación.

Simple y llanamente es lo que nos aporta el último trabajo del director español David Trueba (“Madrid 1987”, “Soldados de Salamina”), un ejercicio de buen rollismo, de simpatía, de bondad y del infranqueable valor de la amistad o el amor, forjándose éste a través de una simple mirada, de un gesto, de un sinfín de casualidades. La fricción entre las diferentes constelaciones humanas con el simple objetivo de cumplir nuestros sueños, de dejar atrás nuestros miedos y afrontar con una sonrisa de oreja a oreja las circunstancias de la vida.

Vivir con los ojos cerrados”, inspirada en hechos reales, nos muestra la historia de Antonio (Javier Cámara) un profesor de Inglés en España en el año 1966, que sueña con conocer a John Lennon, y al que intentará acercarse cuando éste viaje a Málaga para rodar una película. Por el camino conocerá a Juanjo (Francesc Colomer) y Belén (Natalia de Molina), que con sus propios motivos personales también buscan el oxigeno de la libertad, emprendiendo los tres un apasionante viaje juntos.

Desde el inicio hasta el final de su metraje, trazaremos un recorrido por la España de los 60, pero pasando sólo de puntillas por los aspectos negativos. La rigidez y el temperamento de los terratenientes, los abusos del clero en las escuelas o las dificultades para ser una madre soltera, sólo servirán aquí para acentuar más a posteriori el aspecto optimista de su mensaje. Un trío protagonista que deslumbra, un Javier Cámara que es ya el Tom Hanks del cine español, una Natalia de Molina adorable y un Francesc Colomer que ya apunta muy buenas maneras. Junto a ellos unos secundarios con encanto donde sobresale un Ramón Fontseré, como un catalán pesetero como ninguno pero con un corazón de oro.

El trabajo de attrezzo y decoración no queda atrás, recreando al detalle la época a la que hace referencia y siendo un ejemplo más de la sutileza, el mimo y el cariño con el que el grupo humano tras esta película la ha realizado.

Vivir con los ojos cerrados” es entrañable, divertida, nada pretenciosa, pero con un mensaje muy claro, los sentidos no siempre son nuestra guía, hay que dejar que hable nuestro corazón, y que nuestra alma se presente y acompañe en el camino. Melancólica y ejemplificando el lema de tiempos pasados fueron mejores, muestra a su vez que el cine español está más presente que nunca y que si quiere también puede formar parte del futuro.

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