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Crítica

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Los delicados dramas donde un cuidador llega para hacerse cargo de un anciano huraño y que, finalmente, ambos personajes logran una importante experiencia de vida se ha visto en incontables ocasiones. Ejemplos como ‘Intocable’, ‘Juntos, nada más’ o la recienteMi casa en París. Esa ciudad precisamente suele ser la protagonista de entrañables momentos. No es una excepción la cuarta película del estonio Ilmar Raag, Una dama en París, que protagoniza una de las grandes leyendas vivas del cine francés, Jeanne Moreau.

Anne es una mujer madura que acaba de perder a su madre. Divorciada y con dos hijos ya adultos con los que apenas se comunica, la mujer decide dejar su país, Estonia, y aceptar una propuesta laboral en París cuidando a una anciana también de origen estonio. La dama, Frida, resulta tener todo un temperamento. La convivencia no será fácil, pero la señora irá cogiendo cariño poco a poco a esa mujer que parece perdida.

Crítica de Una dama en París

Exhibida en el Festival de Locarno del 2012, para su cuarto largometraje, Ilmar Raag decidió dar un salto cuantitativo y decidió dejar, en parte, su Estonia natal para rodar un filme en París y, por supuesto, en francés. Raag es uno de los más prestigiosos cineastas de su país y uno de los pocos que, realmente, tiene algo de relevancia a nivel mundial, gracias a su muy aplaudida ‘The Class’. Cierto que de este país del Este vino recientemente otra joya,Mandarinas, pero esta tenía de denominación un director georgiano.

Lo que mejor se puede apreciar de este drama son sus dos actrices: Laine Mägi y ese mito vivo de la nouvelle vague, Jeanne Moreau. Ambas están excelentes en sus papeles, Mägi consigue trasmitir una historia poco conocida, la de cómo viven los ciudadanos estonios tras la caída del muro, su independencia de la Unión Soviética y su membrecía en la Unión Europea. Una mujer que, pese a haber tenido una juventud difícil, todavía confía en vivir y, ahora que está sola, se da esa oportunidad.

Al otro lado está la Moreau, la veterana intérprete hace el papel suyo. Su personaje es una mujer que vivió otra época, en la que su forma de vida era vista como libertinaje. Una dama coherente consigo misma, apagada pero que sabe que ha vivido como siempre quiso. El choque entre ambas deja ver como Anne no se ha soltado el pelo nunca en su vida pero, aun así, es feliz e intenta ayudar a la anciana a disfrutar el poco tiempo de vida que le queda. Al lado de ambas está el actor Patrick Pineau, causante de discordia como de reconciliación.

Crítica de Una dama en París

Pese a estar basada en la experiencia que tuvo la madre del director cuando emigró a Francia, no consigue transmitir mayor conexión con el público. La ausencia de momentos cómicos, de positividad, de alegría hace de ‘Una dama en París’ un retrato esperanzador pero excesivamente gris y frío que provoca que no consiga llegar al alma del que lo ve.

Raag es un excelente narrador de dramas, pero su falta de experiencia en las comedias románticas provoca que esta propuesta sea distante. Pese a ello, la película tiene la suficiente carga de humanidad y unas excelentes actuaciones que hace de esta cinta una experiencia similar a beber ginebra con tónica, amarga pero refrescante.

Puntuación Final:
3 / 5 Valoración de Una dama en París - 3 sobre 5
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