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Crítica

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Quien diga que en España no ha oído escuchar la palabra “crisis” es que miente cínicamente. La situación económica que asola desde 2008 a España es de un calibre nunca visto en la sociedad del país. El cine social español pocas veces ha logrado mostrar fehacientemente, alejado de ideologías políticas, la realidad en la que viven muchos ciudadanos, su rutina y día a día para hacer frente a situación cercanas al abismo. El debutante Juan Miguel del Castillo escribe y dirige ‘Techo y comida’, protagonizada por Natalia de Molina y ganadora de la Espiga de Plata en el Festival de Málaga y del Premio del Público.

Año 2012, Rocío es una joven madre soltera que se encuentra sin empleo y vive en Jerez de la Frontera. No ha cotizado lo suficiente para recibir ayudas y subsidios. Con lo cual, no recibe dinero para poder pagar el alquiler y criar a su hijo de sólo ocho años. El casero de su piso le ha amenazado con desahuciarla si no le paga. Envuelta en la desesperación, la joven acepta como puede trabajos eventuales y mal pagados. Pero no es suficiente, y la situación irá a peor.

Crítica de Techo y comida

El cine social no es fácil de realizar en sí, ya que el tema que suele tratar es tan didáctico que, muchas veces, se cuida el apartado cinematográfico. Errores de este estilo tienen, por ejemplo, ‘Difret’ o La lección’. Falto de recursos, Del Castillo parece que va en esa línea pero no, claro que no. Teniendo un mensaje difícil de trasmitir, puesto que quiere que sea global, el realizador crea una película en la que, prácticamente, todo el peso reside en su protagonista.

Natalia de Molina se entrega en cuerpo y alma a una mujer que está al borde de la exclusión social y lo hace de manera espontánea, dignificando a esas personas que no hay sido tenidas en cuenta por un sistema frío en el que el capitalismo ha sacado a relucir su peor cara y más inhumana cara. La intérprete consigue que, en ningún momento, su personaje caiga en el patetismo pese a los múltiples baches a los que se enfrenta. No es fácil convertirse en una persona que llega a vivir en el límite, que ve cómo las puertas están cerradas, que es involuntariamente partícipe de un círculo vicioso que corroe todo lo que todo y beneficia al más fuerte.

Crítica de Techo y comida

El director no ha querido meterse en lecciones sobre política, alejando a Rocío de actuaciones okupas o reaccionarias. Sólo la ha situado en Jerez de la Frontera, la población española con mayor tasa de desempleo. Mensajes sutiles sobre la problemática no sólo territorial, sino también social. De hecho, la cinta tiene la enorme virtud de tener un mensaje profundo y muy auténtico, que la actriz y el guión transmiten desgarradoramente. De hecho, De Molina recuerda a Émilie Dequenne en la magistral ‘Rosetta’ de los creadores del buen cine social europeo: los Hermanos Dardenne.

Es imposible no pensar en las injusticias del día a día que Natalia de Molina, favorita al Goya a la Mejor Actriz aunque Inma Cuesta con ‘La Novia’ sea una rival dura de batir, da cara. Sin manos levantadas ni gritos, ‘Techo y comida’ se limita a mostrar fehacientemente una realidad, tristemente, muy extendida en España. Juan Miguel del Castillo demuestra ser un alumno hábil de los Dardenne y Jaime Rosales. Una demostración de que el cine social puede ser cine en general. Con dedicación y maestría, esta pequeña joya no dejará indiferente a nadie y, con ello, ya ha conseguido su objetivo: Que estas personas no queden en el olvido.

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