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Crítica

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Bernard Shaw decía: “El hombre es civilizado en la medida en que comprende a un gato”. No sé si yo soy una persona muy civilizada pero sí soy un gran amante de los gatos. A lo largo de mi vida he tenido la suerte de que varios gatos me hayan permitido ser su inquilino —un humano nunca es dueño de una casa en la que haya un gato—.

Como admirador y —permítaseme la inmodestia— conocedor de los gatos que soy, siempre me ha llamado mucho la atención que una de las reflexiones que más he escuchado por parte de los amantes de los perros o los desconocedores de los gatos, es que les da mucha pena que los gatos domésticos vean limitada su existencia al reducido espacio en el que viven. Yo siempre he tratado de explicar a estas personas que en realidad los gatos domésticos son felices entre las cuatro paredes de su casa. Da igual que se trate de un lujoso piso de 200 metros cuadrados o de un estudio de 45, el gato es animal de costumbres y disfruta de la seguridad de conocer cada centímetro de su entorno. Solo necesita agua, comida, arena para sus necesidades y algunos compañeros de piso. Si uno de ellos es otro gato para acurrucarse, lavarse y pegarse con él, mejor. Y si además al menos otro de los compañeros de manada es un humano para que le limpie la arena, le sirva de cojín y le dé unos mimos (sí, los gatos son animales cariñosos), ya será la perfección absoluta.

Crítica de La habitación (Room)

Toda esta reflexión cobrará sentido como inicio de una crítica de La habitación (Room) si habéis visto la película. Si no lo habéis hecho en el momento de leer estas líneas, podéis seguir leyendo porque os prometo que voy a ser extremadamente cuidadoso con desvelar lo menos posible del argumento. Creo que la crítica de cine debería intentar siempre hablar más sobre el continente que sobre el contenido. En el caso de La habitación (Room) es fundamental que el espectador llegue lo más virgen posible al visionado. Sin duda es una de esas películas en las que, cuanto menos se sepa de ella antes de verla, más gratificante será la experiencia.

Lo que sí puedo deciros sin estropear la experiencia de descubrirla por vosotros mismos, es que La habitación (Room) son varías películas en una. Y varios géneros también. Thriller, drama, psicología, filosofía y terror. Una película para pensarla y comentarla por largo rato. Para reflexionar sobre conceptos que creemos tener muy claros, como la libertad, el amor, el miedo a lo real o a lo desconocido, la soledad o el aburrimiento.

Lenny Abrahamson —justo nominado al Óscar a mejor director— consigue jugar con las dimensiones y los espacios para transportarnos al universo en el que viven los dos protagonistas de la película, una Brie Larson espléndida que no sería raro que se llevase la estatuilla a mejor actriz, y una interpretación infantil por parte de Jacob Tremblay como no había visto desde Justin Henry en Kramer contra Kramer o Haley Joel Osment en El sexto sentido.

La habitación (Room) es todo un tratado de filosofía que hará reflexionar y buscar al espectador cuál es su habitación y qué universo ve desde ella. Porque, igual que para un gato casero su universo está contenido entre las cuatro paredes en las que vive, para el resto de seres de esta habitación pequeña o grande según se mire, llamada Tierra, también.

Puntuación Final:
4 / 5 Valoración de Crítica de La Habitación 4 sobre 5
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