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Crítica

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La Cuando en 1975 Spielberg estrenó Tiburón, consiguió un doble fenómeno: por una parte, provocó el pánico en los cines de todo el mundo y, por otra, creó un nuevo subgénero del cine de terror. Esa nueva veta ha sido explotada desde entonces en numerosas ocasiones, empezando por las propias secuelas de Tiburón —tres, cada una peor que la anterior—.

Tiburon, la obra maestra de Spielberg

No, no es un pescador viendo en el mar a Kiko Rivera, es Roy Scheider en Tiburón, obra maestra de Spielberg

Al margen de la saga, podemos encontrar títulos apreciables como Deep Blue Sea —última película decente de Renny Harlin—; también películas absolutamente demenciales, como las series B italianas firmadas por Castellari o Ricci. El último ejemplo destacable que cabe citar, y exclusivamente por su repercusión friki, es el de la saga Sharknado, que estrenará el 31 de julio su cuarta parte con —¡atención, paren maquinas!—, David Hasselhoff en el reparto.

Infierno azul se venía promocionando desde hace meses como la nueva película con tiburón “seria”. Y, ciertamente, el catalán Jaume Collet-Serra —cuya carrera se ha desarrollado desde sus inicios en Estados Unidos y que cuenta con títulos interesantes como Sin identidad o Una noche para sobrevivir— ha sabido dotarla de algunas virtudes apreciables, pero también de algunos defectos que empañan el resultado final.

Infierno azul tiene una estructura que suele funcionar bastante bien en el cine de terror o suspense: la de contar con un protagonista solo ante el peligro que abarca el 95% del metraje. En esta ocasión esa responsabilidad ha recaído en la actriz Blake Lively —cuyo salto a la fama se produjo con la serie Gossip Girl—. Es una pena que la promoción realizada por Columbia en redes sociales haga hecho hincapié  solo en el atractivo de Lively, cuando la actriz ha hecho aquí el mejor trabajo de su carrera junto a su breve papel en la notable The Town de Ben Affleck. A ello ha contribuido Collet-Serra, que ha huido de planos forzados a los que nos tiene tristemente acostumbrados Hollywood cada vez que una actriz joven protagoniza un blockbuster —recordemos los absurdos planos que Michael Bay hacía de Megan Fox en Transformers—.

Más a veces menos

Blake Lively en Infierno Azul

¡Sorpresa!

El problema de Infierno azul es que le cuesta mantener la tensión conforme avanza la acción y sufre un fenómeno paradójico: cuanto más enseña, menos tensión crea. De este modo, tras una primera media hora brillante en la que logramos empatizar con la protagonista y somos testigos de la terrorífica circunstancia a la que tendrá que enfrentarse, la película comienza, nunca mejor dicho, a hacer aguas. Uno de los mayores méritos del Tiburón de Spielberg, en parte involuntario y debido a los problemas durante el rodaje, es que apenas mostraba al tiburón. Pero ahora que ya no hay que depender de animatronics y el cine vive bajo la dictadura del CGI, es difícil no caer en el error de enseñar en exceso al monstruo.

Aun así, Collet-Serra ha conseguido facturar una película entretenida, que provoca simpatía por el apreciable intento que denota de haber hecho las cosas bien. Tiene además un personaje antológico —digno heredero de la pelota Wilson de la que Tom Hanks se hacía íntimo en Náufrago—. Me refiero a la gaviota –no daré más detalles, porque el cine vivirá en la era del CGI pero los espectadores estamos en la del spoiler–.

Infierno Azul confirma a Collet-Serra como un eficiente artesano del sistema. Una película que por desgracia va de más a menos y que tiene gotas de Tiburón, elementos de Naufrago y algún toque, incluso, de Sharknado. Lástima que la proporción de los ingredientes la haya dejado en un simple entretenimiento veraniego. Puede que justo eso es lo que pretendiera realizar Collet-Serra. Si al menos sirve para que las nuevas generaciones, que acudirán a las salas atraídos por la presencia de Lively, descubran la obra maestra de Spielberg, bienvenida sea. Curiosidad final: el español Óscar Jaenada tiene un pequeño papel interpretando a un mexicano. True story.

Crítica de Infierno Azul
  • Dirección
  • Actores
  • Guion
  • Música
  • Fotografía
  • Efectos Especiales

Resumen

Infierno Azul tiene gotas de Tiburón, elementos de Naufrago y algún toque, incluso, de Sharknado. Lástima que la proporción de los ingredientes la haya dejado en un simple entretenimiento veraniego. Blake Lively sorprende y dota de carácter a su personaje en una película que aprueba pero no consigue sacar nota.

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