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Crítica

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El cine libanés salió a la palestra con la realizadora y actriz Nadine Labaki con ‘Caramel’ y ‘¿Y ahora adónde vamos?’. La cineasta consiguió ser la cara visible del cine de uno de los países más interesantes de Oriente Próximo. Ahora llega la entrañable ‘Ghadi’, ópera prima de Amin Dora.

Leba es profesor de música en el pequeño barrio que le vio crecer. Casado con su novia de la infancia, Lara, ambos viven muy felices con sus dos hijas, a las que cuidan como tesoros. Pero viendo la necesidad de engendrar un hijo varón, cuando por fin Lara queda embarazada, le comunican que el niño nacerá con necesidades especiales. Decididos a que el pequeño nazca, llega a la familia Ghadi, con síndrome de Down. El rechazo que provoca en el pueblo es tal, que Leba se verá obligado a urdir una gran mentira para evitar que su hijo sea internado en un centro especial.

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Con un inicio prometedor. El filme empieza mostrando los detalles del barrio, donde todo el mundo se conoce. Con narrador omnipresente, este comienzo recuerda a Jean-Pierre Jeunet y su ‘Amélie’, incluso a la personal obra de Fellini, ‘Amarcord’. Con lo cual, sorprende y hace esperar que se esté ante una agradable comedia mediterránea vista desde un enfoque diferente al ser del Líbano.

Sin embargo, cuando la presentación acaba, empieza el drama. Georges Khabbaz es el artífice del guión y también el protagonista de un curioso enredo donde él y el realizador intentan crear para dar un ejemplo de superación y también de cierta ironía que está cubierta por un barniz de comedia costumbrista. Con reminiscencias de ‘Milagro en Milán’ de Vittori de Sica y ‘Los jueves, milagro’ de nuestro patrio Luis Gª. Berlanga, esta bienintencionada obra no logra llegar a los niveles de crítica social de esas dos obras maestras.

Es más, ‘Ghadi’ se convierte en una fábula con toques ciertamente moralizantes que ponen cierta nota negativa es un relato que tenía un potencial especialmente interesantes gracias a un prólogo entretenido. Manteniendo las distancias, recuerda a la filmografía de Eran Riklis, repleta de buenos mensajes pero que no llegan al punto de convertirse en largometrajes excepcionales como pasan con otros filmes como ‘Timbuktu’ o ‘Leviatán’.

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Esto hace de esta ópera prima un agradable y entrañable relato del que no se puede reprochar, su mensaje es importante: Aceptar e integrar a las personas con síndrome de Down y derribar prejuicios. Sin embargo, más allá de ello, se está ante una propuesta poco arriesgada, cuyas intenciones se ven algo empañadas por la carga moral y algo sesgado que tiene. Pese a ello, el correcto saber llevar de los acontecimientos, ese positivismo que desprende, y unas actuaciones espontáneas, lograrán convencer a un público mayoritario que saldrá con buenas vibraciones tras su visionado.

‘Ghadi’ es un ejemplo de que un cine con objetivos más comerciales puede, y debe, venir de cualquier parte del mundo. Cierto es que su mensaje se ha visto mejor en otros títulos, pero ese toque mediterráneo libanés y el permitir conocer otras realidades ajenas, hacen de esta propuesta una experiencia disfrutable. Cine feel-good de Oriente Próximo, ¿por qué no?

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