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Spaced: forever young

Publicado el 27.01.2014 por para Cines.com

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Este año Edgar Wright cumplirá cuarenta años y Spaced, siempre inédita en España, quince. Cielos, cómo pasa el tiempo.

Si es de sobra conocido que el cine del director británico no solo no envejece, sino que se revaloriza con el paso de los años, habría que volver a revisar su obra maestra catódica anualmente para confirmar la ejemplar manera de complementarse con su cine, por más películas que ruede tanto con Pegg y Frost como fuera del tridente.

Se acababan los noventa, llegaba Matrix, Seinfeld echaba el telón y la televisión, sobre todo la sitcom, comenzaba a estancarse a nivel global. Entonces, un joven inglesito nacido de la tele (aunque su primer largo fue un western de baratillo y escuela que homenajeaba a Leone, entre otros), ideó, junto a sus colegas Simon Pegg y Jessica Hynes, una pequeña serie de televisión que, con tan solo dos temporadas de siete episodios, revolucionaría para siempre el formato y nunca, jamás, envejecería.

Para llevar a cabo Spaced, Pegg convenció a Wright de que su colega y compañero de piso y trabajo, Nick Frost, era el hombre adecuado para interpretar a su colega en la pequeña pantalla. El resto es historia.

Pero no estaban solos. Además de Hynes y los dos amigotes, Spaced brillaba por tener unos secundarios de lujo: Brian, el artista atormentado, al que dio vida Mark Heap, era otro de los descomunales aciertos de la serie. Además, Marsha (Julia Deakin), Twist (Katy Carmichael) o Tyres (Michael Smiley, uno de los protagonistas de la imprescindible Kill List), ayudaban lo suyo para poner la serie a velocidad de crucero.

Catorce episodios, dos temporadas, y el día a día de dos jóvenes que fingen ser una pareja para poder alquilar un piso compartido cuando se quedan en la calle: pintas, competiciones de robots de guerra, secuestros caninos, paintball, drogas, fiestas, cómics y una cantidad de referencias imposibles de contabilizar, demostraron que en las filas de Spaced estaba el talento que, no ya la televisión, sino el cine, estaban esperando.

Y es que viendo Spaced uno se da cuenta de la total libertad de los creadores a la hora de hablar de las cosas que realmente importan: los videojuegos,los zombies, la marihuana y, por encima de todo, la amistad.

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La vida de Pegg y Frost siguió su curso en pequeños papeles de cine y tele hasta que volvieron a reunirse hace ya diez años para rodar Shaun of the dead. Lo que pasó después sí que lo sabemos todos.

Revisitar Spaced para después volver a la trilogía Cornetto es un ejemplo de coherencia y amor por una serie de personajes, estereotipos y presencias que hicieron de ese grupo una máquina perfectamente engrasada de cine y magia, y da gusto comprobar hasta que punto está presente en la cabeza de Wright cuando uno vuelve a The World’s End, donde hay sitio para muchos de ellos y, sobre todo, para la atmósfera de pub inglés con gente que incordia en los lavabos.

Es posible que ahora que Wright es un talento reconocido (el falso tráiler de Don’t en Grindhouse y su nuevo proyecto para Marvel) y el resto del trío no necesita de su talento para trabajar, no volvamos a presenciar un nuevo trabajo de los tres magníficos. Bueno, no. Eso no pasará nunca.

Larga vida a Spaced.


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