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Sitges 2013: días 1-3

Publicado el 15.10.2013 por para Cines.com

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Hola amigos!

Tras una odisea con el wifi del alojamiento que me ha impedido actualizar antes, vamos con un resumen de nuestros primeros tres días de festival.

  • The Green Inferno (Eli Roth, 2013)

Eli Roth llevaba sin rodar una película desde Hostel 2, es decir, mucho tiempo. Quizá demasiado. Mientras Quentin Tarantino apadrinó sus proyectos, sus acabados lucían de maravilla. Roth nunca ha sido un virtuoso ni un prodigio a la hora de componer y rodar planos, pero al menos sus películas tenían el aspecto que merecían.

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Entre medias, el director aparecía en todas la cafradas posibles (Troma), en cine de autor de amigo (Tarantino) y se entretenía produciendo alguna joyita (El último exorcismo) pequeñas tonterías con más gracia de lo que cabría esperar (2001 Maníacos).

Pero de un tiempo a esta parte, el director de Cabin Fever se ha juntado con los amigos equivocados, ha olvidado su sociedad con Tarantino y ha montado una especie de mansión del terror en Las Vegas. Y lo más preocupante es lo que engloba a esas nuevas amistades.

El año pasado Eli Roth también visitó el festival en compañía de Nicolás López, joven eterna promesa chilena y responsable de una serie de películas que, personalmente, no solo no me interesan, sino que me provocan el rechazo absoluto. Y si el año anterior, Roth venía como productor, guionista y estrella de la decepcionante Aftershock, este año viene como director y creador de The Green Inferno, la película que muchos de nosotros esperábamos desde hacía mucho tiempo. ¿Es decepcionante este regreso? No del todo. ¿Es el clásico inmediato que esperábamos? Pues tampoco.

TGI es un cachondeo y una sandez, pero está lejos de ser ordinaria, que es exactamente lo que tenía que ser. Tan torpe como cabría esperar, y con una edición terrible, a la película no la ayudan precisamente un grupo de actores horrendos (parte del elenco de Aftershock) a los que no te crees ni en inglés ni en castellano.

El tono de la película, demencial, tampoco demuestra que lo sea voluntariamente, y la sospecha de que Roth haya podido perder la frescura tras muchos años alejado de las cámaras, planea durante todo el metraje.

Por último, destacar la labor de Berger & Nicotero, haciendo realidad el holocausto caníbal que, por cierto, tampoco es que se desmadre mucho. Puede que ese sea el apartado que más nos desencanta: Roth puede (y debe) ser mucho más burro.

Un par de gags desternillantes y una secuencia catastrófica muy efectiva ayudan a que por la mañana te acuerdes de ella con una sonrisa de complicidad, que no de admiración.

 

  • Mindscape (Jorge Dorado, 2013)

No hay mucho que decir de una película como el debut de Jorge Dorado. Mindscape responde al perfil de parte del cine español actual: factura técnica impecable, reparto internacional y una corrección tan extrema que estropea el conjuto.

Si en la brilante Grand Piano, su director, Eugenio Mira, camuflaba un guión de todo a cien con un sentido de la maravilla y un ritmo sin respiro, en Mindscape no podemos más que aburrirnos con la sucesión de tópicos, su pausada realización y unos actores normalitos que son puro cliché.

Todo tan correcto como aburrido.

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  • Bienvenidos al fin del mundo (The World’s End; Edgar Wright, 2013)

A ver si os salen muchos directores que cuenten con un póquer de obras maestras como filmografía.

Edgar Wright lo tiene y además, va a por el repoquer con carta de la Marvel. Su final a la trilogía Cornetto es tan brillante como sus predecesoras, pero con el valor añadido de hablar desde el corazón de los personajes más entrañables que han creado.

The World’s End es apabullante y hay sitio para todo: para la ciencia ficción, para la emoción, para el slapstick y para unas secuencias de lucha demenciales, además de la mejor salida de un bar de la historia del cine.

Lección de amor que cautivará a cualquier espectador con alma. Otra obra maestra de uno de los mayores talentos del cine mundial del siglo XXI

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  • La última llamada (The Call; Brad Anderson, 2012)

Hubo una época en la que parecía que Brad Anderson podría llegar a ser un director de propuestas atractivas, pero los tiempos de El Maquinista quedan ya lejos.

The Call es un capítulo piloto (no lo es, pero lo parece) de una nueva teleserie en la línea de CSI o Mentes Criminales.

Una propuesta parecida a las presentadas por Larry Cohen, pero con mucha menos gracia y mucho menos estilo.

Un telefilm que ni siquiera en sus mejores momentos consigue engancharte.

  • Patrick (Mark Hartley, 2013)

El remake de la respuesta australiana a Carrie, también con remake al acecho, tiene tantas virtudes como defectos. Mark Hartley tiene la gran fortuna de contar con Pino Donaggio abusando de partitura para una peli que le está demasiado pequeña, pero por lo demás, dejando a un lado la bonita y tensa propuesta del nuevo hospital donde se desarrolla la acción, poco más hay que sacie nuestra sed de miedo. Mil (supuestos) sustos por minuto y una fotografía digital que no le hace ningún favor para una peli que termina por hacerse interminable.

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  • Machete Kills (Robert Rodriguez, 2013)

El mayor mérito del díptico de Machete es lograr que sean tan aburridas como las películas que parodia/homenajea. Machete Kills se va hasta casi las dos horas más innecesarias de los últimos años, alargando un chiste que tampoco es que tenga demasiada gracia. Una ventaja para Rodriguez es que cuanto más pobre, barato y malo luzca, mucho mejor. Y de eso tiene para aburrir. Y aburre.

  • Milius (Joey Figueroa, Zak Knutson, 2013)

Uno de los nuevos talentos de la revolución cinematográfica que transformó el cine durante la década de los sesenta, compañero de generación de Spielberg, Coppola, Lucas o Scorsese, fue este libertario bocazas, surfista y amante de las armas que, además de escribir los dos primeros Harry Calahan y Apocalypse Now, se encargó de llevar a Conan a la gran pantalla y de provocar airados rechazos con Amanecer Rojo. Milius es un repaso y un homenaje a uno de los mejores contadores de historias del cine moderno. Y además, su último acto es tan emotivo que uno no puede sentir rechazo (si es que alguien ha sido tan idiota) por un personaje así. Técnicamente estándar, pero cargado de historia viva del cine.

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