Binge-watching, guilty pleasure, spoiler y otros males del seriéfilo

Publicado el 15.12.2015 por para Cines.com

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Spoiler, guilty pleasure, season finale, cliffhanger, binge-watching, midseason, spinoff, crossover… Todos estos anglicismos hasta hace pocos años desconocidos para cualquier persona normal, salpican hoy nuestras conversaciones cotidianas. Todos se relacionan con las series de televisión y muchos de ellos puede ser muy perjudiciales para nuestra salud como orgullosos seriéfilos. Lector, lee. Es serio.

Adictos a las series

Vivimos la edad de oro de las series de televisión, eso es innegable. Desde que a finales del siglo pasado (me estoy haciendo viejo) HBO nos descubrió que podíamos vivir a todo tren en pleno Manhattan escribiendo un articulo a la semana para un blog, como la protagonista de Sexo en Nueva York (Sex and the City), o que un capo de la mafia podía asesinar a un rival mientras visitaba la universidad de su hija, y al mismo tiempo llorar porque una familia de patos había abandonado su casa Los Soprano (The Soprano), han pasado ya unos cuantos años.

Este boom inicial de las series de televisión, eclosionaría definitivamente en 2004 con la llegada de Perdidos (Lost), Mujeres desesperadas (Desperates Housewives) y House. Desde entonces, la producción de ficción televisiva ha crecido exponencialmente, hasta llegar a un punto en el que actualmente es prácticamente (o sin el prácticamente) imposible poder estar al día de todas las series que se estrenan.

Sin embargo, muchos seriéfilos siguen intentando mantenerse al día de todo. Seguir cada nueva temporada de las series que llevan años viendo, ver cada piloto nuevo que llega, “no vaya a ser que se me escape la nueva Lost o el nuevo Breaking Bad”. No quiero ponerme muy trascendente ni preocupar mucho al lector en un tranquilo domingo como hoy, pero me temo que esta especie de bulimia seriefila esta llevando al sufrimiento a muchas personas, y por ende a sus parejas, familias y amigos.

Existe un término de reciente creación llamado binge-watching, que viene a definir el fenómeno por el cual, tras toda una semana encerrado en una oficina, una pareja decide voluntariamente encerrarse todo el fin de semana en casa para ver uno detrás de otro los 60 episodios de The Wire, hasta que llegue el lunes para poder encerrarse de nuevo en la oficina.  Con paradas para ir al baño tan rápidas, que ni en el pit lane de un equipo de Formula 1 mejorarían esos tiempos. Pero el binge-watching se complica si se intenta hacer en pareja y uno de los dos no tiene la mismas ganas o el mismo aguante físico. Nadie dijo que la vida del seriéfilo fuese fácil.

Omar en The Wire

”Hazme un spoiler y te vuelo la tapa de los sesos, madafaca”.

El reciente affair de la web Ashley Madison me ha hecho pensar que ese escándalo se quedaría muuuuy pequeño si a alguien le diese por inventar un Ashley Madison de las series de televisión. Ya lo estoy viendo: “¿harto de tener que esperar a que tu novia llegue del trabajo para poder seguir viendo tu serie favorita con ella?, ¿sueñas con una vida en la que puedas ver una temporada entera de House of Cards del tirón sin que alguien a tu lado te pida que lo dejes porque se esta durmiendo?, inscríbete en www……..com, porque hay millones de capítulos, pero solo una vida para verlos todos”.

Pero ojo, el ejemplo que he imaginado antes, aunque terrorífico, todavía se basa en el placer de ver series. Hay algo que de verdad da pánico y que muchos seriéfilos hemos asumido sin pararnos a pensar un poco en lo que de verdad significa. Hay un término para definir esta enfermedad y se llama: placer culpable. O para demostrar que somos españoles con nivel medio de inglés: guilty pleasure.

El guilty pleasure viene a decir que hay muchas series que, aunque no son gran cosa, tu las ves porque te gustan, te entretienen o te ayudan a evadirte tras un día de mierda en la oficina. Pero lo que se esconde tras este termino, es más bien un subterfugio para auto justificar (un clásico del seriéfilo) por qué estamos viendo el 9×21 de Anatomía de Grey (Grey´s Anatomy).

La gente ya no se pone contenta cuando empieza sus vacaciones de verano (sí, hay gente que tiene trabajo), porque vaya a irse a la playa o porque vaya a practicar ese hobby para el que durante el resto del año no consigue sacar tiempo, no. La gente (o más bien el seriéfilo) ahora está mirando el reloj ese último día antes de salir del trabajo pensando si le dará tiempo durante las vacaciones a ponerse al día con Bones, retomar Supernatural – que estaba bien, pero que no sabe muy bien por qué dejó a mitad de la segunda temporada y ya van a estrenar la 11 –, o mejor aún, iniciar lo que ella llama en la intimidad de su enferma mente: “el proyecto CSI”, consistente por supuesto en ver los 783 capítulos que, en el momento de escribir estas líneas, suman CSI, CSI:Miami, CSI:Nueva York  y CSI:Cyber.

Deberíamos madurar y darnos cuenta de que, aunque sigamos pujando en eBay por ese muñeco de Star Wars primera edición del 83 que además esta sin desembalar de su caja original, ya tenemos la mayoría una edad. Ver por ver, acumular por acumular capítulos en nuestras apps de tracking (por cierto os recomiendo TVShow Time), darnos cuenta un buen día de que estamos siguiendo 203 series y tenemos 1044 capítulos pendientes de ver, no puede ser bueno para nuestra salud mental ni para aprovechar y disfrutar DE VERDAD de nuestro tiempo de ocio. Nadie dijo que la vida de los seriéfilos fuera fácil.

claire danes llora

Carrie al enterarse de que en Los Serrano todo había sido un sueño

Es triste que nos tapemos los oídos como el hermano de Cameron Diaz en Algo pasa con Mary (There´s something about Mary) cuando creemos que alguien va a soltar un spoiler. Por supuesto spoiler de una serie que además ni siquiera hemos empezado. Intentemos no deprimirnos ni angustiarnos más de lo necesario (dos/tres semanas), por ese cliffhanger que durante meses nos va a tener en vilo sobre si el prota de nuestra serie va a vivir o no (aunque hayamos leído ya que tiene contrato por otras tres temporadas).

Igual que el más voraz de los lectores es plenamente consciente de que no va a tener tiempo de leer TODO en su vida y ha de elegir, el seriéfilo ha de aprender a diferenciar, elegir y seleccionar.

Aprender a ver un piloto y abandonar para siempre esa serie como el que cierra un libro en la página 20  para no volver jamás a él si no le ha convencido. Tener la suficiente fuerza de voluntad para ser capaz de no hacer caso a ese compañero de trabajo pesado que te ruega que retomes Person of Interest porque, aunque sea un coñazo al inicio, a partir de la segunda mitad de la tercera temporada se convierte en la mejor serie de la actualidad (solo unas 60 horas después de empezar). Requiere tiempo reeducar nuestra mente, no es fácil dejar la droga seriefila, pero tal vez si nos lo tomamos como si el proceso fuese parte de la propia serie de nuestra vida (que lo es), nos resultará más sencillo. Calculo que si vamos en serio, en tres temporadas de network (las cadenas generalistas en USA) o cinco de cable, lo habremos conseguido. Solo así conseguiremos que Netflix sea una opción de ocio y no nuestro carcelero.

Amigos, vivamos, no caigamos en el Diógenes Seriéfilo. Hay todo un mundo ahí fuera de gente con la que discutir, de atascos que sufrir, de conversaciones banales que mantener. Yo por mi parte, me voy a poner con el 13×11 de Ley y orden, que he conseguido darle un empujón este fin de semana. En fin, como decía el niño al que sostenía en brazos Bill Murray al final de Los fantasmas atacan al jefe (Scrooged): “que dios os bendiga a todos”. Podéis ir en paz seriéfilos.


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