Las 10 películas más relevantes del cine español de los 90

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Repaso a las 10 películas más relevantes del cine español de los 90 y que abrieron el camino al panorama diverso que tenemos en la actualidad, en el que convive cine comercial y de autor con la tradicional comedia. Almodóvar, Amenábar, Álex de la Iglesia, Julio Medem o Isabel Coixet son algunos de los nombres que no pueden faltar en esta revisión.

Tiempos modernos en el cine español

10 mejores películas españolas de los años 90

A comienzos de los años 90 el cine español se encuentra en un momento bastante crítico; no surgen nuevos talentos, los autores de otras épocas están en horas bajas, incluyendo al propio Almodóvar, como veremos, los pocos que hacen cine interesante, salvo excepciones, no consiguen conectar con el público por las insuficiencias de la industria y la distribución, y los escasos éxitos de taquilla los constituyen en buena medida subproductos como las películas de Isabel Pantoja o de Martes y Trece. Una de las películas más celebradas de la época, Amantes (1991), es poco más que un capítulo alargado de una serie televisiva.

Pero la situación cambia a mediados de la década por tres motivos: una reorganización de la política de subvenciones, que empieza a valorar que las películas consigan estrenarse y dar cierto resultado en taquilla, los ecos de los nuevos aires que llegan en el cine internacional y que traen el éxito de muchos directores indies, especialmente Quentin Tarantino, y la aparición de una nueva generación de cineastas mucho menos politizada que la anterior, educados en la cinefilia a través de la televisión, naturalmente una televisión muy diferente a la actual, y mucho más interesados en el cine comercial y en la técnica. Los nuevos directores van a profesionalizar y ampliar los horizontes del cine patrio más allá de la españolada, es decir, del sainete, la adaptación literaria y lo que todavía no se llamaba entonces memoria histórica, es decir, el cine sobre la guerra civil y la dictadura. El cine español deja de ser un género en sí mismo para abrirse a una gran variedad de géneros. En esta década empieza la modernización de nuestro cine y el camino hacia la diversidad de estilos y temáticas de la que disfrutamos en la actualidad.

Vamos a repasar las 10 mejores películas de cine español de los 90 que protagonizaron esta transición, tomando el criterio de seleccionar una sola película de cada director, centrarnos en los nuevos talentos, con la excepción de Almodóvar con Todo sobre mi madre, por ser un título ineludible, y valorar no solo la película en sí sino también la trayectoria del autor durante los 90 y también posteriormente.

Áccesits

Aunque no quepan en el top 10, sería injusto no mencionar trabajos interesantes de directores de épocas anteriores que siguen activos en los 90 pero sin conseguir resonancia comercial, como El pájaro de la felicidad de Pilar Miró, Adosados o Sombras en una batalla de Mario Camus, y sobre todo Jamón, jamón (1992), donde Bigas Luna lanza al estrellato a Penélope Cruz y Javier Bardem, e Historias del Kronen (1995) de Montxo Armendáriz, otra historia con un reparto juvenil cuya banda sonora supone además un espaldarazo a la entonces incipiente música indie nacional.

En cuanto a nuevos directores que se han quedado fuera por poco, ahí estaría Mariano Barroso, que podría haber sido el renovador del thriller en España si su carrera hubiera tenido continuidad después de la interesante Éxtasis (1995), Daniel Calparsoro, uno de los primeros que se atrevió a emular a Tarantino con Salto al vacío (1994), y el inevitable Santiago Segura, creador de la primera saga comercial del cine español; a pesar de su éxito en taquilla y de su indiscutible talento para el marketing, Torrente el brazo tonto de la ley (1998) no inventó nada, sino que se limitó a sumarse a una tendencia que era ya muy exitosa.

LAS DIEZ PELÍCULAS ESPAÑOLAS DE LOS 90

Airbag de Juanma Bajo Ulloa (1997)

Airbag de Juanma Bajo Ulloa (1997)

Aunque esté, y más bien merecidamente, olvidada hoy en día, Airbag fue la película del verano en 1997 y, de haber existido entonces Twitter, hondanadas de hostias, la frase que convirtió a Manuel Manquiña en estrella y secundario de lujo, habría sido trending topic. No era innovadora, porque se trataba de una comedia gamberra que hacía culto al descerebre y a lo friki sumándose a la moda del momento, en la onda de Tarantino y siguiendo el camino abierto a nivel nacional por Álex de la Iglesia, pero comercialmente superó con creces a sus referentes y levantó todo tipo de barreras y prejuicios respecto al alcance que podía tener una película española en taquilla.

Este éxito representó una salida de tono tan mayúscula en la filmografía de Juanma Bajo Ulloa, hasta entonces un indie autor de dos melodramas de culto premiados en festivales, Alas de mariposa (1991) y La madre muerta (1993), que nunca llegó a digerirlo. Víctima de su verborrea, anunció a bombo y platillo una adaptación al cine de El capitán Trueno que nunca se materializó y tardó 7 años en conseguir lanzar su cuarta película, Frágil (2004), un batacazo en el que el equilibrio entre la estilización visual y la pornografía sentimental de sus dos primeras obras se decantaba peligrosamente hacia el segundo elemento. Recientemente, en 2015, intentó repetir la fórmula de Airbag con El príncipe gitano, con la que demostró que la frase de 20 años no es nada es solo la letra de un tango.

Boca a boca de Manuel Gómez Pereira (1995)

Boca a boca de Manuel Gómez Pereira (1995) - Lo mejor del cine español de los 90

Entre los nuevos directores de éxito en el cine español de los 90, Gómez Pereira era un punto y aparte respecto a De la Iglesia, Amenábar o Bajo Ulloa, por pertenecer a una generación anterior y por representar no la ruptura sino la actualización desde la continuidad con la tradición de la comedia española. Sus primeras películas (Salsa rosa, Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo y Todos los hombres sois iguales), comedias de enredo que giraban en torno al sexo y a los conflictos entre hombres y mujeres, fueron formando un crescendo, tanto en éxito comercial como en cuanto a producción y guión cada vez más sofisticados, que llegó a su culmen en Boca a boca, uno de los pocos ejemplos exitosos de alta comedia con elementos de suspense de la cinematografía española que demostraba que por aquí se podía hacer cine comercial con dignidad capaz de aguantar la comparación con clásicos de Hollywood como Charada.

Gómez Pereira se mantuvo en la cresta de la ola con su siguiente estreno, El amor perjudica seriamente la salud (1997), otra alta comedia con reparto de lujo, y comenzó su declive al intentar expandir horizontes y salir de la zona de confort. El thriller erótico Entre las piernas (1999) pasó sin pena ni gloria, y el fiasco comercial de la coproducción internacional Desafinado (2001) lo sacó definitivamente de la primera división del cine español, aunque ha seguido en activo tanto en la pantalla grande como en la pequeña.

Cosas que nunca te dije de Isabel Coixet (1996)

Cosas que nunca te dije de Isabel Coixet (1996)

En una época en la que todavía era algo excepcional que una mujer se pusiera detrás de una cámara, la aparición de una joven directora, desconocida salvo por trabajos publicitarios, que venía de rodar en inglés en Estados Unidos y sin subvenciones con la gran musa del cine indie noventero, Lili Taylor, de protagonista, fue, más que una rareza, una acumulación de rarezas en el cine español. Coixet fue pionera en muchos aspectos; por una parte abrió el camino de buscarse la vida en el extranjero por el que luego han transitado Jaume Collet Serra, Rodrigo Cortés, Eduardo Chapero Jackson y otros. Por otra, mostraba un universo autoral alejado de la comedia y centrado en el existencialismo romántico de una forma que podríamos considerar marcadamente femenina, veinte años antes de que esto último pudiera ser considerado un elemento a su favor.

El pequeño éxito de culto entre la cinefilia que fue Cosas que nunca te dije iría creciendo con los títulos posteriores de Coixet, que en las décadas posteriores ha trabajado con grandes nombres del cine internacional manteniéndose siempre fiel a su estilo.

El último viaje de Robert Rylands de Gracia Querejeta (1996)

El último viaje de Robert Rylands de Gracia Querejeta (1996)

El otro título rodado en territorio y en lengua anglosajones tiene una génesis muy diferente a la de Cosas que nunca te dije, puesto que se trata de una excepción en la carrera de una directora que nunca ha tenido predilección por la cultura extranjera ni gran ambición internacional y que tampoco ha tenido que buscarse las lentejas fuera por tratarse de la hija de Elías Querejeta, el cineasta más relevante y exitoso de los últimos años del franquismo, creador de un cine hermético, lleno de simbología y muy crítico con la dictadura.

Gracia es representante de una nueva generación mucho menos interesada en la política y, en su caso, mucho más en los sentimientos y en la psicología de los personajes, hasta el punto de que la podríamos considerar como la gran humanista del cine español de los últimos 25 años. El último viaje de Robert Rylands no es su mejor película pero sí la que la situó en el mapa tras una opera prima, Una estación de paso (1992), que pasó más desapercibida; la notoriedad le llegó en parte por la polémica desencadenada ante la folclórica indignación de Javier Marías, autor de la novela de la cual el film es una adaptación libre, demasiado libre de hecho para el ego del escritor. El final de la década la confirmó como una directora con personalidad propia, más allá de los escándalos y de un apellido ilustre, con Cuando vuelvas a mi lado (1999).

Hola estás sola de Icíar Bollaín (1995)

Hola estás sola de Icíar Bollaín (1995)

En 1995 una actriz semidesconocida que algunos cinéfilos recordaban como la niña de El sur debutaba en la dirección de la mano de Fernando Colomo, uno de los directores vinculados a la movida madrileña. Siempre interesado en ofrecer a la juventud modelos de vida alternativos, Colomo produjo un proyecto basado en un guión coescrito entre la propia Bollaín y Julio Medem en el que dos chicas apenas salidas de la adolescencia buscaban su camino con desenfado y mostrando mucha apertura mental, ingenuidad y vulnerabilidad.

Hola estás sola no fue un gran éxito de taquilla, pero sí se convirtió en obra de culto y en modelo de un nuevo tipo de cine que apostaba por nuevas historias y nuevos actores; Silke, una de las protagonistas, fue una estrella tan rutilante como efímera, y la otra, Candela Peña, pasó a ser desde entonces en una intérprete de renombre. Bollaín, no obstante, prefirió orientar su carrera hacia el cine social a partir de su segunda película, Flores de otro mundo (1999), y se convirtió, junto con Fernando León, en la principal representante de esta tendencia en el cine español, sobre todo a partir del gran éxito de su tercera obra, Te doy mis ojos (2003).

Todo sobre mi madre de Pedro Almodóvar (1999)

Todo sobre mi madre de Pedro Almodóvar (1999)

Aunque en la trayectoria de Almodóvar se deben de poner siempre muchas comillas cuando se habla de fracasos, los años 90 representan la etapa más complicada de su carrera y nos muestran a un autor que, tras haber sido la gran estrella de la década anterior, presenta serias dificultades para adaptarse a los nuevos tiempos. En Tacones lejanos (1991) ofrecía un producto inteligente en cuanto a marketing pero vacío y sin alma que ofrecía poco más que citas y referencias a otras películas, en Kika (1993) intentaba repetir con cierto patetismo chistes y fórmulas que ya no funcionaban, y en La flor de mi secreto (1995) y Carne trémula (1997) se mostraba un tanto perdido al explorar otros caminos. Pero cuando parecía que Amenábar, Fernando León, Medem o su discípulo Álex de la Iglesia iban a llevar la voz cantante en el futuro del cine español y el manchego iba a pasar a la categoría de antiguas glorias, Todo sobre mi madre, probablemente la película española más premiada de la historia, consagró a su autor desde entonces hasta el presente como el número uno imbatible de la cinematografía nacional y como uno de los cineastas más famosos y respetados del mundo.

Realmente el guión repetía la estructura de la obra maestra almodovariana, Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), centrada en una heroína femenina muy fuerte que, pese a estar viviendo un momento personal muy difícil, saca fuerzas para ayudar a otras mujeres cuyos avatares a cada cual más rocambolesco la introducen en una espiral surrealista que acaba siendo terapéutica para ella. El acierto fue narrar prácticamente la misma historia pero en un tono de comedia dramática que exacerbaba los elementos más esperpénticos de la trama, convirtiendo a la película en un himno a la inclusión y al respeto por diferentes formas de vida que divirtió y enterneció a partes iguales a todo tipo de público.

Tráiler de Todo sobre mi madre

Barrio de Fernando León de Aranoa (1998)

Barrio de Fernando León de Aranoa (1998)

El exitoso debut en la dirección de Fernando León, Familia (1996), venía apadrinado ni más ni menos que por Elías Querejeta, del cual ya hemos hablado a raíz del cine de su hija Gracia, y, a diferencia de este último, esta película sí representaba una continuación o una actualización del universo simbólico y amante de los juegos en torno a la representación propios de su productor. Por eso es en la segunda obra de León de Aranoa, Barrio, donde se puede decir que el nuevo director volaba libre y se dirigía hacia su gran vocación, el cine social, del cual se convirtió rápidamente en el nombre más destacado del cine español, con permiso de la ya mencionada Icíar Bollaín.

A diferencia de otras películas que hemos citado y que no trascendieron la condición de títulos minoritarios de culto, Barrio fue enormemente celebrada por la crítica y arrasó en los premios Goya de su año. La clave residía en la experiencia previa de León de Aranoa como guionista, que dotó a los diálogos de la película de una fluidez y una verosimilitud se puede decir que inéditas, y de un planteamiento que revolucionó y marcó el camino para el cine social en nuestro país, eliminando de raíz el componente de explotación y sensacionalismo que había tenido el cine kinki de la transición.

El día de la bestia de Álex de la Iglesia (1995)

El día de la bestia de Álex de la Iglesia (1995)

En 1993 el hasta entonces cortometrajista Álex de la Iglesia debutaba en el cine con Acción mutante, una película producida por Almodóvar y dirigida a un público joven, amante de los comics, el rock duro, el cine de terror y la subcultura, totalmente abandonado por el cine español hasta ese momento; es decir, un público freak, antes de que esa palabra se popularizara y saliera fuera del ambiente del mismo nombre. La intención fue superior a un resultado un tanto desangelado, pero el potencial de De la Iglesia fue captado por el prolífico y hábil productor Andrés Vicente Gómez, que supo pulir este diamante en bruto y orquestar la película que convenció a la juventud de la época de que el cine español tenía algo que ofrecer y al cine español de que el público juvenil existía y de hecho constituía una mayoría de espectadores. El día de la bestia era divertida, irreverente, iconoclasta, y al mismo tiempo bebía del sainete y de la tradición de la comedia española con cura incluido, lo cual la hacía también vendible para una mayoría de críticos y para un público de mayor edad o con una sensibilidad más convencional.

La película sirvió de inspiración a taquillazos como Airbag (1997) y Torrente el brazo tonto de la ley (1998) y cambió, o tal vez sería mejor decir creó, la línea comercial del cine español. No obstante, las carencias como guionista y la tendencia al exceso de su director, patentes desde Acción mutante, han seguido siempre ahí; el salto a la coproducción internacional que vino después, Perdita Durango (1997), fue un fracaso notable, y tampoco el homenaje a la televisión de su infancia en Muertos de risa (1999) tuvo el éxito esperado. De la Iglesia, no obstante, sabría consolidar su carrera en la década siguiente y confirmarse como uno de los nombres clave del cine español.

La ardilla roja de Julio Medem (1993)

La ardilla roja de Julio Medem (1993)

Inédito, marciano, rompedor, fresco o arriesgado serían algunos de los adjetivos que podrían describir lo que supuso Vacas (1992) en el cine español de su momento; como no podía ser de otra manera, las reacciones ante la película se polarizaron entre la admiración de los críticos más innovadores y la burla de los más acartonados, y lo mismo ocurrió con la segunda obra de aquel vasco tan rarito cuyo nombre, Julio Medem, empezaba a circular entre las bocas de los cinéfilos, que se esforzaban por ver su cine a pesar de la paupérrima distribución del mismo en tiempos en los que no existía Internet.

La ardilla roja tenía un guión lleno de giros, sorpresas y dobles lecturas que hacía vivir al espectador la misma aventura por la que se lanzaban los dos personajes protagonistas, llevado a cabo además con una puesta en escena onírica que, pese a las enormes limitaciones de presupuesto, se encontraba a años luz de lo que se veía en las pantallas de la época. Aunque el doble juego que propone de crítica al machismo pero utilizando roles de género desde una perspectiva típica de la fantasía masculina puede resultar un tanto trasnochado, es probablemente la historia más rica que ha tenido hasta ahora Medem entre las manos. El salto de cineasta de culto a comercial lo inició con su siguiente obra, Tierra (1996), y lo completó con la siguiente, Los amantes del círculo polar (1998), que hizo de él la mayor estrella de la década en cuanto a directores junto con Amenábar. No obstante, tras mantener el éxito con Lucía y el sexo (2001), su carrera inició posteriormente una caída en picado de la que no ha conseguido recuperarse.

Abre los ojos de Alejandro Amenábar (1997)

Abre los ojos de Alejandro Amenábar (1997) - Cine español de los años 90

El sorprendente primer Goya a la mejor película obtenido por un film de terror que recibió en 1996 Tesis transformó de obra de culto minoritaria en gran éxito a la opera prima de un jovencísimo director que iba un paso más allá en cuanto a la renovación del cine español. Se podría decir que Amenábar era el primer director laico de nuestro cine, en el que no había ni sombra de la guerra civil ni de la dictadura, ni de una educación católica, ni de interés por la comedia y el sainete, sino por un cine de género de influencia claramente anglosajona en el que, eso sí, nunca ha dejado de introducir un punto de vista moral e ideológico, algo que le aportaría no pocos enemigos al dejar el cine de género y abordar nuevos horizontes en la década siguiente.

Aunque sea un título menos celebrado que Tesis, Abre los ojos es claramente superior: mucho más compleja en cuanto a estructura dramática y guión, de mejor ritmo y montaje, y más imaginativa visualmente en cuanto a dirección. Además ha sido uno de los pocos intentos exitosos y dignos de llevar a cabo ciencia-ficción en España; consiguió revalidar el Goya a la mejor película, confirmó a Amenábar como el director estrella del país y hasta contó con un, mediocre, eso sí, remake norteamericano.

Tráiler de Abre los ojos

El mejor cine español de la década de los 90

Durante los años 90 una serie de jóvenes directores modernizaron y diversificaron el cine español, cambiaron su historia y sentaron las bases del cine actual. Muchos de ellos han mantenido una carrera exitosa hasta el día de hoy. Entre los más relevantes figuran Alejandro Amenábar, Julio Medem, Álex de la Iglesia o Fernando León; también las mujeres normalizaron su posición detrás de la cámara gracias a Icíar Bollaín o Isabel Coixet. Pedro Almodóvar, por su parte, vivió una época de declive de la que salió gracias a Todo sobre mi madre, Tesis, Abre los ojos, Barrio, La ardilla roja, Tierra o El día de la bestia figuran entre las grandes películas del cine español de los años 90.

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