Offscreen: parte 2

Publicado el 25.03.2015 por para Cines.com

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Y como vino, se fue. El Offscreen 2015 ya es historia, pero los buenos ratos y el ambiente nos dejarán buen sabor de boca hasta la primavera del próximo año.

La segunda mitad del festival nos regaló la oportunidad de revisar en sus flamantes (y gastados, claro) 35mm la que posiblemente sea la producción Cannon que más calidad atesora, al menos según la crítica más seria, El tren del infierno, lo más cerca que Menahem Golan ha estado de ser el rey del mundo.

Siguiendo con la sección “botánica”, La invasión de los ultracuerpos de Don Siegel y La pequeña tienda de los horrores de Roger Corman (y Charles B. Griffith) brindaron un buen rato a los espectadores, mientras que Salem’s Lot, la adaptación televisiva del clásico de Stephen King, aportaba otra muesca de nuestro querido Tobe Hooper.

Salem's Lot

También pudimos ver (otra vez) Electric Boogaloo, el presumiblemente último documental de Mark Hartley, que en su modo fiesta habitual repasa la trayectoria de Cannon Films. Para ser viernes, la apuesta tenía que estar a la altura, así que Invasión USA y Ninja III: la dominación, nos devolvieron la fe en el cine más gañán, facha y alocado. The Funhouse, una de las pelis más desconocidas de Hooper (y también de las más interesantes), se dejó ver el también el pasado viernes.

Pero aún quedaban ejemplos del cine más radical, que para algo está el Offscreen, y después de unas risas con la comiquera El justiciero de la noche (Death Wish 3), una especie de Robocop 3 bien hecho y la más divertida de la saga protagonizada por Paul Kersey, llegaba uno de los platos fuertes: Tokyo Tribe, la última locura de Sion Sono, uno de los directores con los que relacionamos festivales como éste. Si el año pasado nos volvimos locos con Why don’t you play in hell, este año aplaudimos con las orejas ante esta guerra de bandas a ritmo de hip hop, ropa interior, excesos, suciedad y mucho sentido del humor. Otro must dentro de una filmografía loquísima. La secuela de La matanza de Texas, dirigida por Hooper para Cannon, cerró el sábado en el cine Nova mientras que El reportero de la calle 42 hacía lo propio en Cinematek.

Blind

Blind, la película noruega de Eskil Vogt, fue el plato fuerte del sábado. Cine de múltiples capas que recuerda tanto a Cómo ser John Malkovich como a El mirón y la exhibicionista. Historia de amor desde el punto de vista invidente de una joven con mucho trabajo cerebral. Muy interesante, aunque los primeros minutos, llenos de cortes de cine porno, puedan asustar al espectador menos preparado. También pudimos recuperar la maravillosa versión de los ultracuerpos de 1978 y cerrar con un programa doble de Hooper formado por la recién remakeada Poltergeist y la irregular Invasores de Marte, que a su vez era también un remake.

La copia restaurada de La matanza de Texas nos llevó a la galería Bozar, un sitio majestuoso para ver cine y donde enseguida nos dejaremos caer para traeros toda la información del Bifff 2015. La nueva restauración de la película provocará pesadillas en las salas de cine que dispongan de un buen sistema de sonido. Perturbadora como siempre, una de esas pelis que están rodadas con el material del que están hechas las pesadillas.

Hard to be a god

Tramo final con cine fácil de digerir, como mi Cannon favorito, La fuerza de la venganza, o el slasher thriller Al filo de la medianoche, productos entretenidos de los que ya no se hacen, que nos liberaron la mente antes de entrar al hueso más duro de roer de la década: Hard to be a god. El film dirigido por Aleksey German, que falleció nada más terminarlo, fue rodado durante más de una década debido a su ambiciosa puesta en escena e, imagino, a la atmósfera imposible para todo el que haya trabajado ahí dentro. Pestilente, repugnante y provocadora, adapta una novela de los hermanos Strugatskyi, donde un grupo de científicos viajan a un planeta muy similar a la Tierra… del medievo más oscuro, violento y enfermo. Tres horas larguísimas que suponen un verdadero salto de fe para el espectador. Tan odiable como adorable, Qué difícil es ser un dios hace que el cine de Nicolas Winding Refn luzca como una producción de Jerry Bruckheimer.

Os dejo ya, que voy a ponerme a la cola del próximo festival. Au revoir, Offscreen. Vaarwel, Offscreen. See you next year.


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