Mil maneras de morir en verano

Publicado el 01.07.2015 por para Cines.com

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Ha llegado, está aquí, siéntelo. Si lees estas líneas desde algún punto de España seguro que te estás preguntando las razones por las que el destino te castiga con esa transpiración extrema. No tengo respuesta para esa pregunta, sólo sé que debes tener cuidado, hidratarte, refrescarte y no hacer el gañán mientras el fuego siga en la calles. De hecho, escribo estas líneas para salvarte la vida. ¿Tienes que salir a correr tus siete kilómetros diarios? ¿Toca hacer la compra de la semana? Todo eso puede esperar. Cierra las cortinas del salón, saca de la nevera alguna deliciosa bebida congelada (AGUA) y dedica las horas de calor letal exterior a repasar las mil maneras de morir en verano. Recuerda que el calor ese del que hablamos es más letal que ninguna de la lista, eh.

Mil maneras de morir en verano

Campamentos de verano

Menuda movida enviar a tus hijos de campamento si no puedes dejar de pensar en psicópatas enmascarados que aniquilan jovencitos. No lo pienses: los asesinos de campamento suelen especializarse en monitores presumidos más preocupados en acostarse con sus compañeras que en la seguridad de tus pequeños. Pero ojo, hablo de campamentos para tus hijos. Si eres tú el que va a trabajar durante el verano, recuerda que está prohibido fumar aunque, bueno, poco importa si estás muerto.

La playa

Ya, ya sé que los misterios de las profundidades marinas te acojonan una barbaridad y que huyes del ambiente playero 365 días al año. Tiburones, tintoreras, barracudas, pirañas o humanoides del abismo pueden estar al acecho en cuanto pises el refrescante agua del mar. Siento decirte que la solución no está en quedarte tumbado a la sombra leyendo Orgullo y Satisfacción, no. La arena de la playa también puede ser el lugar de la muerte más horrible que puedas imaginar. Pasa de la playa, colega.

La piscina

No sé cómo tengo que decirte que no. La piscina, además de proporcionar un baño caliente a base de meados de domingueros con el colesterol por las nubes -la verdad es que desconozco si el colesterol del tío que mea en la piscina influye en el nivel de escozor ocular-también es una bonita oportunidad para poner fin a esa vida tan prometedora que llevas ahora mismo. Pirañas, cortes de digestión, ahogamientos, alocados saltos en trampolín o rocambolesos accidentes están ahí aguardando aunque no los veas.

La montaña

Es lógico morir en la montaña, por eso no suelo pasearme para respirar aire puro en medio de la naturaleza. Gracias, pero no me apetece morir devorado por un lobo, hecho trizas por un oso o triturado por una boa constrictor. ¿Qué? ¿Cómo que no hay animales de esas características en las montañas por las que vas tú? Bueno, me importa un rábano. Seguro que esas cosas que ves en las copas de los árboles no son nidos y los paletos mutantes que habitan en el bosque, porque está confirmado que hay más que gnomos, utilizan esos puestos en las alturas para vigilarte bien. Y si no hay mutantes en tu zona, bueno, la madre naturaleza es sabia y odia los teléfonos de nueva generación.

Ríos, lagos, pantanos y demás humedales

A ver si te enteras, ingenuo excursionista. Ahí arriba te he dicho que es posible que salgan pirañas de la piscina en la que refrescas las tardes veraniegas, así que imagina qué no saldría de uno de estos lugares de verano de gama media baja. Cocodrilos, “cosas”, Sean Penn encabronado, más pirañas, anacondas… este tipo de terreno es un filón caníbal. Huye.


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