Crítica de 'The Party'

Afilada crítica a la cómoda élite de izquierdas y progresistas. The Party es uno de los mejores trabajos cinematográficos de la aclamada directora de ‘Orlando‘. Siete actores en pleno estado de gracia. Maliciosa y fascinante comedia negra de salón.

La izquierda caviar frente al espejo

Crítica de The Party

Aunque el drama suele ser el género en el que películas, novelas y obras de teatro aprovechan para hacer una fuerte denuncia política o social, es en la sátira cuando se puede ser más cínico, sagaz y crudo en el mensaje. Ahí, la comedia de salón ha sabido crear escuela, algo de lo que el cine francés siempre ha sido un maestro, como se pudo ver en ‘La cena de los idiotas’ o ‘El nombre’. Sin embargo, esta vez es la fina ironía británica la que envuelve a siete personajes encerrados en un escenario conThe Party’, una perspicaz comedia negra que dirige y escribe Sally Potter y que se pudo ver en la Selección Oficial del 67º Festival de Berlín y en la Sección Oficial de la 62ª edición de la Seminci de Valladolid.

Janet ha organizado una cena de amigos para celebrar todo un hito en su carrera política. Ella es miembro del partido de la oposición al Gobierno, considerado un partido de izquierdas, y ha sido nombrada Ministra de Sanidad del llamado Gabinete en la sombra, un tipo de sistema propio del poder ejecutivo del Reino Unido y otros países anglosajones. Sin duda, es toda una hazaña, ya que pocas mujeres han optado al puesto. A la cena estarán su marido, Bill, profesor de universidad y ateo convencido; April, íntima amiga de Janet desde hace muchos años y de carácter cínico y amargo; Gottfried, el novio alemán de April y autodenominado coach de vida y guía espiritual; Martha, profesora también en la universidad e intelectual feminista; Jinny, esposa de Martha y chef de reconocido prestigio; Tom, un apuesto treintañero que trabaja en banca; y Marianne, mujer de Tom y colega y subordinada de Janet en el partido. Lo que empieza siendo una celebración y una victoria progresista acaba degenerando en duros ataques verbales, rencores del pasado, odios y vendettas personales, provocando un desenlace completamente inesperado.

Afilada y ácida comedia de salón

Cinco años son los que Sally Potter ha tardado en volverse a prodigar en la gran pantalla. Si el largometraje predecesor a ‘The Party’, la fantástica ‘Ginger y Rosa’, ahondaba en los problemas de dos chicas adolescentes a principios de los años 60, con esta última propuesta, la cineasta abandona las reflexiones del pasado para hablar de, justamente, la decadencia de los idealismos y, sobre todo, del gran dilema que las ideas de izquierda viven en este momento de posverdades, polaridades ideológicas y dominio popular del conservadurismo.

Kristin Scott Thomas, Patricia Clarkson y Bruno Ganz en 'The Party'

Porque, justamente, ‘The Party’ parece una película “pequeña”, una puesta de escena propia del teatro, una duración de apenas 70 minutos y el centrar la trama en la pura interacción de sus siete personajes. Sin embargo, las apariencias engañan, porque Potter crea uno de sus mejores trabajos en el que no se corta a la hora de criticar y dejar en evidencia al progresismo más anquilosado. No deja títere sin cabeza, ya que su afilado guion ataca al pragmatismo de los partidos políticos de izquierda, las propias ideas progresistas, al feminismo más combativo, al ecologismo más dogmático (ojo con los fans de la medicina alternativa), a la imagen de estabilidad de las parejas homosexuales, a las lealtades en las amistades, a la complicada línea entre la verdad y la mentira, al concepto de maternidad o al lugar de la masculinidad en la mentalidad progresista.

Potter lo borda, creada una comedia de salón semejante a un choque de trenes, en el que la burguesa izquierda caviar se muestra arrogante y ofendida. La cineasta escribe un guion magnífico acompañado por siete actores en estado de gracia. Potter coge el estilo de ‘8 mujeres’ de François Ozon con momentos de ‘¿Quién teme a Virginia Woolf?’ de Mike Nichols, ambas adaptaciones de prestigiosas obras teatrales. Porque, sin duda, esa ambientación propia del teatro es lo que enriquece a esta ácida tragicomedia.

Siete actores extraordinarios

Kristin Scott Thomas en 'The Party

A ello hay que añadirle un acertado uso del blanco y negro, que recalca esa época de polarización de ideas, de dos bandos, en la que los tonos intermedios, los grises, reivindican su lugar. Y ahí es cuando entran escena siete magníficos de la interpretación: Kristen Scott Thomas está espléndida; Bruno Ganz saca su lado más irreverente, pocas veces visto; Cherry Jones, con su aparente calma, es la que pone mayor énfasis en las grandes contradicciones de ideas, al igual que Timothy Spall, que está magnífico; Patricia Clarkson se mimetiza en Bette Davis, cual dama avinagrada y descreída; Emily Mortimer, acertadísima en su sutil representación de la misandria; y cómo no, Cillian Murphy, en uno de sus papeles más extremos y el que pone frente al espejo a todos esos “progres” idealistas en crisis.

Quizás el tono sea pesimista, pero en su feroz crítica a la élite socialdemócrata, Sally Potter pretende fomentar la regeneración y la autocrítica, con el que despertar a una lánguida sociedad a favor del progreso, con un mensaje europeísta en el que se advierte de que la inacción de la izquierda y su no renovación da pie a largos años de gobiernos de derechas, situación que muchos estados occidentales ya conocen. Afilado análisis y maliciosamente divertida, ‘The Party’ es una propuesta imprescindible, de rabiosa actualidad y tremendamente original.

Tráiler en español de ‘The Party

Crítica de The Party
  • Dirección
  • Guion
  • Interpretaciones
  • Fotografía
  • Diseño de producción

Resumen

Cínicamente divertida y muy afilada en su crítica a la élite progresista y de ideas de izquierda. Una de las mejores películas de Sally Potter.

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